sábado, 2 de septiembre de 2017

Jacques Lacan y el pensamiento asiático


Una de las características del pensamiento japonés es que es un pensamiento mítico que no ha podido ser desplazado por otras influencias, sean éstas de tipo religioso, filosófico o científico, procedentes de oriente o de occidente. En esto se diferencia del pensamiento chino o coreano, que tienen una base conceptual.
El pensamiento mítico es sistémico o sea, capta al mundo como un sistema donde los elementos se relacionan entre ellos dependiendo uno de los otros. Oshima, un pensador japonés que ha traducido textos de Lacan, dice que en Japón el desarrollo de la tecnología electrónica es consecuencia del
pensamiento mítico porque se trata de algo operativo y no conceptual. Cuando un japonés habla utiliza muchos signos, tanto de origen chino (Kanji) como los específicamente japoneses (Kana). Notablemente, en japonés, existen términos al estilo de lo onomatopéyico, cuya traducción es
imposible, pero que tienen la función de describir estados de muy fuerte entre un lenguaje formalmente presentable, de la "cortesía", de la apariencia, y otro cuasi-infantil donde aflora más lo que tiene que ver con las sensaciones. Es muy difícil la traducción de correspondencia de un término japonés a otra lengua porque la palabra japonesa siempre surge en un contexto, no hay univocidad, en este sentido podemos entender que Jacques Lacan dijera que en Japón se habla de una manera metafórica.
Es en Lituraterre donde Jacques Lacan, después de su segundo viaje a Japón en los años setenta, reelabora el concepto de escritura y de letra para el psicoanálisis. Allí podemos situar las diferencias que entre Oriente y Occidente marcan a cada sujeto de lenguaje. Es en ese litoral entre el sujeto, el objeto a y el campo del Otro, donde podemos situar el lugar de la letra y el lugar del analista. Lacan estaba sorprendido de la traducción de sus escritos al japonés, pues no daba mucho crédito a la posibilidad de su desarrollo en ese contexto cultural.
Ubicamos el tema del vacío en la pintura china, a través de textos de François Cheng, un intelectual chino que se exilió en Francia, y si bien no fue paciente de Jacques Lacan, tuvo largas conversaciones con él que le aportaron muchos elementos para entender esta cuestión de cómo los orientales podían vivir con la noción de vacío y la noción de Tao, que implica dos cuestiones diferentes. El chino no es una lengua indoeuropea y entonces no conoce el verbo ser, en lugar de la cópula está este invento propio del chino que es la palabra Tao: "el hacer, sin nombre no habiendo deseo y el hablar, el puede convivir con estas dos cuestiones, con este dilema? Ahí es cuando aparece la noción de "vacío intermedio". Éste consiste en que hay, además de la oposición del Ying y el Yang, otro lugar: el que Lao Tsé le había otorgado al vacío intermedio y que aparece como el número tres, como una terceridad, como una versión del litoral.
Finalmente tomamos las enseñanzas de Confucio y de Mencio, este último retoma las enseñanzas del primero para contribuir a su propagación y transmitirlas de modo más sistemático y claro.
Confucionismo y Taoísmo no son tan opuestos, sino que enfatizan distintos aspectos; van a diferir en las soluciones prácticas que dan, tanto de la vida individual como social.
Para el Confucionismo es importante la vida social y por eso se va a transformar en una teoría moral y política, mientras que el Taoísmo tiene una visión crítica de cualquier intento de producir algo en la sociedad de manera artificial.
Mencio trabajó mucho sobre la moral, aunque no en sentido moralista, sino en sentido político. El término "Li" significa naturaleza humana con rectitud y la cultura de la "cortesía".
Es un modo particular de dirigirse a otro, según quién sea. El hecho de dirigirse con cortesía al soberano no implica que, a la vez, no se le dirija una crítica. Esta cuestión puede constituir una importante dificultad para la práctica del psicoanálisis en este contexto cultural. Sin embargo, si Lacan hizo tantas referencias a Mencio en sus seminarios, es porque allí encuentra, entre otras cosas, el sentido de lo oportuno en el analista: ser y decir lo que cada ocasión requiera.

Alicia Dellepiane
(Fundación Descartes)

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