lunes, 27 de junio de 2016

Reflexión en un espejo sin imagen (por Sergio Sclovich)

Nota del autor del blog: Hoy celebramos con alegría la ocasión de un encuentro fecundo en este bosque taoísta. Tengo el honor de poder compartir en este blog un texto especialmente escrito por un querido amigo del Camino. Hablo de Sergio Sclovich, quien es licenciado en Cs. Biológicas por la UBA, y practicante experimentado de Tai Chi, Kung Fu y Chi Kung. Los dejo con sus palabras, que combinan el sentido profundo de la pasión científica con la mirada serena del caminante taoísta.
Gracias Sergio!.-


El Tao es como un espejo sin imagen. 
Sin embargo, todo lo refleja.
Ese todo nos llama a conocerlo
y ese llamado es nuestra curiosidad.



Desde hace mucho tiempo, tal vez antes de ser Homo sapiens, hemos sido curiosos. Curiosos de nuestro entorno, apreciándolo hasta tener una explicación que satisfaga el saber porque ocurren diferentes fenómenos. En estos pocos milenios de Homo sapiens que llevamos, se han desarrollado diferentes culturas y en cada una de ellas, al menos en la mayoría, surgieron figuras encargadas de observar este entorno, sus fenómenos y, por supuesto, darles una explicación.

En esta era moderna y globalizada se habla mucho de dos culturas en particular, cuya fusión ha sido debate de por lo menos las últimas cuatro décadas: la "China" y la "Occidental". Voy a detenerme en esta oración a aclarar que la contraposición normalmente es presentada cómo "Oriental" vs "Occidental", pero a fin de mantenerme en el objetivo de esta reflexión y hacerla lo más clara y correcta posible, me quedo con una parte de lo que abarca el término "Oriental" que es la cultura tradicional China.

Continuando con la reflexión; en la cultura tradicional China, una de las figuras, que por excelencia, contemplaba la naturaleza era el practicante taoísta. Por el otro lado el encargado de estudiar la naturaleza en la cultura occidental actual es el científico moderno. Deténgase un segundo, un minuto o lo que necesite para ver el problema de la oración anterior. La palabra naturaleza es la clave, nunca aclaré que es lo que cada observador toma como definición de la misma. En el caso del practicante taoísta podemos encontrar una pista en el Tao Te King, el libro de cabecera de esta práctica; que comienza diciendo: "El Tao que puede ser expresado no es el verdadero Tao". A partir de esta premisa toda transmisión o enseñanza taoísta apunta a que el practicante encuentre su propia experiencia y por tanto y su propia definición, y a fin de hacer algún tipo de aproximación oral y escrita utiliza una palabra cuya definición es que no está definida: Tao. De modo que, parte de la propia definición es la propia práctica y son inseparables, y a su vez indescriptibles, cada quién tiene su propia percepción del entorno. Esta búsqueda se basa entonces en contemplar el entorno, percibirlo con tantos sentidos como sea posible y definirlo por la sola experiencia de entender que uno es parte de esa definición.



En cuanto al científico moderno la manera de conocer la naturaleza es investigándola, a partir de lo que se conoce como “el método científico”. En resumen, este método consiste en: Primero, a partir de una observación se hace una pregunta y se plantea una posible respuesta, una hipótesis. Segundo, se idea un experimento que busca poner a prueba esa hipótesis y tercero se analiza el resultado del experimento y se opta por una de dos opciones: se rechaza la hipótesis o se deja en pie. Este mecanismo lleva a que siempre se descarte la hipótesis incorrecta, sin embargo nunca se demuestra la correcta. Puede haber una cantidad enorme de evidencia a favor de una dada hipótesis pero esta nunca se termina de corroborar, sólo se fortalece su temple. De modo que, para el científico moderno la verdad tampoco es alcanzable, pero cada vez se obtiene una representación mejor de la misma.

A diferencia del practicante taoísta, la búsqueda del científico moderno se basa en la observación, una serie de eventos capaces de ser registrados de forma tal, que sean lo más objetivos posibles, y que está información pueda ser compartida inequívocamente entre los miembros de la llamada: comunidad científica.

Tanto el practicante taoísta como el científico moderno buscan una verdad. Ambos entienden que está es inalcanzable, al menos desde lo racional, pero el motor de cada una de éstas búsquedas es muy distinto. Uno contempla y el otro observa, el practicante taoísta confía ciegamente, tiene fe, en esta contemplación y el científico moderno es agnóstico a esta observación.

Ninguno de los dos cree en su método para acercarse a los fenómenos. La creencia es muy peligrosa, tanto para la fe como para la ciencia. En el caso de la fe, si se cree en algo, entonces se está creyendo en lo que sea que crea. Por tanto, nunca es una confianza pura, no se está verdaderamente confiando, teniendo fe ciega, sino que la mente está tratando de hacer una observación de algo efímero. En el caso de la ciencia, un verdadero científico no cree, es agnóstico, siempre pone a prueba sus hipótesis, nunca se queda con ninguna, sólo mantiene aquella que aún no se rechazó. De creer en su hipótesis está poniendo una falsa fe en esta.

En conclusión, para considerar la fusión de estas dos culturas en cuanto a sus maneras de acercarse a la naturaleza es importante tener en claro las diferencias y similitudes entre ellas. Ambas comienzan esta búsqueda con la tranquilidad de que no tiene una respuesta última, sin embargo la objetividad que el científico moderno requiere, desde su perspectiva cientificista, parece incompatible con el hecho de que cada practicante encuentra su propia definición ¿Cómo habría de compartir con la comunidad científica algo que sólo él puedo percibir y es indescriptible por definición?

Para responder esa pregunta, primero habría que considerar:

* ¿Puede la fe ir de la mano de la objetividad científica? y si puede, ¿cómo?

* ¿Puede un científico contemplar? y por hacerlo, ¿puede descubrir algo nuevo?

* ¿Puede un practicante taoísta observar? y por hacerlo, ¿puede descubrirse como algo nuevo?

Aquellos lectores que quieran responderse estás preguntas como científicos deben tener en cuenta que por contemplar no se está dejando de observar.

Aquellos lectores que quieran responderse estás preguntas como practicantes taoístas deben tener en cuenta que al contemplar no necesariamente están observando.

Aquellos lectores que ya no necesiten hacerse estas preguntas los dejo meditar.

Sergio Sclovich (Hong Fa)

jueves, 23 de junio de 2016

Taoísmo, Hinduismo y Zen

"La mayoría de las personas están vacías y se sienten mal porque usan las cosas para deleitar sus corazones, en lugar de usar su corazón para disfrutar de las cosas" 
Lin-an, taoísta.

"Analizar es considerar las cosas desde el punto de vista de la destrucción. ¿Cómo se puede comprender un ser vivo contemplándolo desde el punto de vista de la muerte?"
Rabindranath Tagore, hindú.


¿Alumbra la luz negra? Koan, zen.


Extractos adaptados, del libro: "Oriente y Occidente", de Luis Racionero (y publicados originalmente en el blog "Una antropóloga en la luna" -unaantropologaenlaluna.blogspot.com.ar-)


Hinduismo. India.

La India no ha idealizado a soldados o estadistas, ni siquiera a poetas o filósofos, sino a las personas que proclaman otra realidad impalpable y espiritual, ajeno al mundo que está entregado al deseo de poder y placer, de riqueza y gloria. El destino del ser humano es conocerse a sí mismo y fomentar la vida universal. Su arte también lo refleja: su objetivo es despertar emociones, desde el amor al terror, y el ideal civilizado era conocer unas sesenta y cuatro artes, porque no se respetaba al que tenía mucho sino al que era mucho.
Por eso, su filosofía está encarnada a la unidad del universo y a la perfectabilidad humana por el yoga.

Trabajar la mente con la respiración: esto es el yoga. El yoga aquieta la mente para que aparezca el ser profundo, como cuando un estanque está tranquilo y se ve el fondo. Es otro plano más allá de la razón y la verdad: la quietud mental y su estado esencial de serenidad. De esta manera, se ve que la realidad no es sólo ese estado impuesto por el racionalismo o la ciencia, sino que la realidad es relativa y el cerebro es transmutable.

La técnica del yoga consiste en adoptar ciertas posturas, respirar según una técnica marcada, yvaciar la mente. Si se oye algo, no resistirse, dejarlo entrar por un oído y salir por el otro. Si se piensa algo, dejarlo pasar suavemente. Entre pensamiento y pensamiento, hay un lapso de quietud de un segundo, que pasará a tener "la mente en blanco" durante ratos considerables. Pero hay muchas maneras de hacer yoga: danzando como los derviches o los negros de Bahía con su candomblé, paseando, escuchando el mar, o haciendo el amor (el Tantra Yoga o el yoga del sexo) En China practicaban El secreto de la Flor de Oro que consistía en activar la circulación de la luz dentro del cuerpo. En Japón, practican el Dyana junto con ejercicios mentales o koan. En Occidente, la Alquimia ha sido una forma de yoga, como lo han sido los ejercicios contemplativos de San Juan de la Cruz y los ejercicios espirituales de San Ignacio (aunque por desgracia, actualmente, más que vaciar la mente, estos ejercicios la llenan de temores, culpabilidad y remordimiento)

Paradójicamente, en este siglo del boom turístico, no se encuentran tour operators para organizar viajes hacia dentro.
Pero ¿para que realizar este viaje?



En la India, el concepto de armonía tiene su expresión en el karma. Es una especie de "tal harás, tal encontrarás" o "quien siembra vientos, recoge tempestades". "Somos lo que pensamos y llegamos a ser lo que imaginamos" dice Buda. La persona es su karma, y sus hechos son parte de él. Al concepto de Karma va ligado la reencarnación, con el fin de reparar los desperfectos sembrados en esta. Cuando por fin la persona consigue obrar sin crear karma, sin alterar la armonía universal, entonces ya no tiene que reencarnarse.


Esto es porque se entiende que las personas no son ajenas al universo, sino que están integradas en él. Y la creación o el nacimiento, que en Occidente es lineal y un acto único, en Oriente se repite periódicamente dando lugar a un tiempo cíclico del eterno retorno, al igual que en la naturaleza con las estaciones del año. Occidente es positivista y objetivo porque no postula la unidad del universo sino el dualismo(cuerpo/espíritu, mente/materia, sujeto/objeto, bueno/malo) Para los orientales, los principios opuestos no son cosas separadas, sinopolaridades, dos caras de una misma moneda o dos percepciones de una misma cosa. Bueno y malo no son irreconciliables: el bien y el mal no existen en el universo, sólo en nuestra cabeza, categorías inventadas por nuestra mente. En el universo no hay nada bueno o malo: todo es, y tat tuam asi (eso eres tú) Los hechos son mudos, pero se colorean en bueno o malo según se mire tras el cristal del deseo, de la voluntad o del propósito. Si tenemos un propósito, las cosas que lo favorezcan serán tildadas de buenas, y las que lo frenen, de malas. 


-La bandera se está moviendo.

-El viento se está moviendo. 

Zenón, que pasaba justamente por ahí, les dijo

-Ni el viento, ni la bandera; la mente se está moviendo.


No significa que todo es permisible, todos tenemos propósitos, por eso no se habla de malas o buenas acciones, sino de mal o buen karma. Y para trabajarlo, nada mejor que mirar hacia dentro a través del yoga, al gran océano sereno interior, el agua que en la mitología hindú, es representado por la serpiente Ananta, el infinito.

TaoísmoChina.

La metáfora del taoísmo es también el agua; flexibilidad es el concepto del tao.
La gran aportación de China a la cultura mundial ha sido el taoísmo, una forma de ver el mundo y de vivir integrado en el fluir de la naturaleza. Y también a sus artes. El jiu-jitsu, por ejemplo, consiste en aprovechar el impulso del adversario para derrotarlo con su propia fuerza o naturaleza. En su escritura, el signo para melancolía es un hombre mirando caer las hojas sobre un estanque. La ceremonia del té es una manera de encontrar belleza y bienestar en algo tan sencillo como sorber una infusión.

Para el occidental, la vida, a excepción de unas pocas horas dominicales, es un asunto profano. "Es aquello que te va sucediendo mientras tú te empeñas en hacer otros planes"según decía Lennon. Para el taoísta, las cosas cotidianas e insignificantes pueden tener un sentido infinitamente más profundo del que nosotros le concedemos. Son diferentes perspectivas de ver la vida. El poeta y el científico ven el sol de modo diferente y es irrelevante quien tiene razón, ambos la tienen.

Así como la India aporta a la humanidad conceptos como unidad del cosmos y trata de realizarla a través del yoga, China descubre el cambio universal y enseña a fluir con él, con la naturaleza. En India, el karma excluía el concepto de ley, China lo excluye con el li (orden) y sus vibraciones (chi)
Se trata de pensamiento asociativo y coordinativo, donde los conceptos tampoco se dualizan sino que se colocan unos al lado de otros, en una estructura. La naturaleza de una cosa depende de su posición en un universo en perpetuo movimiento. Tung Chung-shu lo explica mejor:

"Todas las cosas rechazan lo que les es distinto y siguen lo que es igual. Por eso, cuando dos chi son similares, coalescen.(...) Las cosas se llaman unas a otras, lo igual con lo igual, un dragón trayendo lluvia, un abanico apartando el calor, el sitio donde ha estado el ejército llenándose de zarzas. (...) Cuando se toca la nota kung en el laúd, otras cuerdas kung cercanas reverberan. (...) Cada cosa enel universo está sintonizada a ciertas otras, y cambia cuando éstas cambian."



La armonía se considera algo orgánico, una especie de cortesía mutua en vez
de competencias. No es la causación mecanicista occidental en la que las partículas se empujan unas a otras (como en un billar), sino que cada partícula toma su lugar junto con otras para crear un universo de partes y todos. Tampoco proviene de ningún legislador/creador supremo, ni Dios ni ley, sino movimiento espontáneos pero ordenados, (como bailarines en una danza) y con una responsabilidad rotatoria. Las cosas están conectadas más que causadas. Es la interdependencia por un bien y entendimiento mutuo, esto es el Tao.

"La noche empieza al mediodía"
Su objetivo es enseñar al hombre a integrarse y a comportarse como la naturaleza, de manera que experimente en el propio cuerpo los ritmos vitales.Los ritmos naturales cortos (oleaje, pulso del corazón, goteo de la lluvia) o largos (un amanecer, las lunas, las estaciones) El chi es esta entidad energética que está dentro de todos los seres, y la notamos a través del aikido japonés, la danza Tai -chi-chuan o "el Secreto de la Flor de Oro". Aprender los modos de la naturaleza es el modo más eficaz de saber moverse, de mover el cuerpo más grande que es el mundo.

Zen, Japón.

Gracias al zen, que educa para estar plenamente en lo que se hace, los japoneses consiguen concentración y habilidad. Es estar intensamente aquí, ahora, borrando el ego, una actitud de concentración absoluta en lo que está pasando y de maravillarse ante las cosas más corrientes de la vida. Eliminar los juegos mentales racionales que mediatizan la percepción de las cosas, y estar incondicionalmente entregados al instante, olvidando lo que ha sido y lo que será.

- Maestro, ¿qué haces tú para estar en el camino verdadero?.
- Cuando tengo hambre, como; cuando tengo sueño, duermo.
- Pero esas cosas las hace todo el mundo.
- No es cierto. Cuando los demás comen piensan en mil cosas a la vez.
Cuando duermen, sueñan con mil cosas a la vez. Por eso yo me diferencio de los demás.

Entre otras habilidades (tiro con arco, jiu-jitsu, caligrafía, las marionetas, la esgrima...) el poema haiku refleja esta predilección por iluminar el fondo de las cosas.

El viejo estanque:
salta una rana.
El sonido del agua.


Cuando los deseos han cesado, todas las cosas revelan su propia importancia, no la que nosotros ponemos. Cuando estamos en la mentalidad zen, cuando vemos en la naturaleza profunda de las cosas, cuando las cosas se ven a sí mismas con nuestros ojos, y se refleja limpia en los espejos de la mente, todo lo que percibimos no puede explicarse, sino experimentarse. No las cosas excepcionales, sino lo infinitamente pequeño.

¡Qué maravilloso es esto, qué misterioso!
Llevo leña, subo agua.


La explicación de por qué existe el mundo, es la propia existencia del mundo. Pero no se comprende o se explica con la razón, porque:

"Si trabajas sobre tu mente con tu mente, ¿cómo podrás evitar una confusión inmensa?"
Hay que experimentarlo, porque en el momento en que pensamos la realidad, al dividimos entre pensante y lo pensado. Con ello conseguimos manipular lo pensado, pero no comprenderlo. Se trata de experimentar una realidad sin recuerdos o proyectos, sin intenciones, sin ego, aumentando la atención para percibir así:

Copos de nieve,
cayendo suavemente:
cada uno en su sitio.


¿Cual era tu cara antes de nacer?.
Los koan son ejercicios mentales encaminados a hacer saltar en pedazos la mecánica del pensamiento racional para conseguir la superación del dilema del ego.

La vida no es un problema a resolver, sino un misterio a experimentar; la verdad no es un objetivo al que se llega, sino un estado de la mente, porque como se es, sólo así se puede ver.

Cuando ya no se puede hacer nada, ¿qué podemos hacer?
¿Si todo se reduce a la unidad, a qué se reduce la unidad?”
¿Puede existir una ilusión?
Cuando un árbol cae en medio del bosque y nadie lo escucha, ¿produce algún sonido?
¿Estoy de acuerdo conmigo?
Todas las cosas son conocidas... ¿sólo porque creemos conocerlas?.
¿Cómo suena una palmada ejecutada con una sola mano?.

... ¿Cómo se ve el agua en el océano?




lunes, 20 de junio de 2016

Tao Te Ching: 40




El retorno es el movimiento del Tao.
La debilidad es la manifestación del Tao.
Todos los seres han nacido del Ser
y el Ser ha nacido del no-ser.


(Tao Te Ching, c. 40)

sábado, 18 de junio de 2016

Emperador de Jade




El Emperador de Jade (chino: 玉皇, pinyin: Yù Huáng o 玉帝, Yù di) en la cultura popular china, es el gobernante del cielo y de todos los reinos de la existencia siguientes, incluida la del hombre y el Infierno, de acuerdo con una versión de la mitología taoísta . Es uno de los dioses más importantes del panteón religión tradicional chino. En el taoísmo moderno, el Emperador de Jade tiene soberanía sobre todo el reino de los mortales, e incluso sobre aquellos por debajo de él, pero aún así, su rango es inferior al de los Tres Puros (Yuanshi Tianzun, "Venerable Celeste del Comienzo Original", Lingbao Tianzu, "Venerable Celeste del Tesoro Sublime", y Taishang Laojun, "Supremo Señor Laozi")


 

Fotografías de la Pagoda del Emperador de Jade en Ho Chi Minh, Vietnam. Santuario taoísta cantonés construido por la comunidad china cantonesa durante los años 1892 y 1909.  Llamada también Pagoda de las Tortugas, animal símbolo de la longevidad en la mitología taoísta. 

jueves, 16 de junio de 2016

Taozen y arquería (Herrigel)

 Eugen Herrigel




"El Zen no quiere ser especulación sino vivencia directa de aquello que, en primer lugar, como causa sin causa de lo existente, no puede concebirlo el intelecto ni, aun después de las experiencias más inequívocas e irresistibles, puede ser aprehendido e interpretado: uno lo conoce sin conocerlo. Sigue caminos que, a través de un recogimiento practicado metódicamente, han de conducir al hombre a percibir en lo más profundo de su alma lo inefable que carece de causa y modos, y lo que es más, a unirse con ello.

Como si se opusiera a toda penetración, nuestras tentativas de explorarlo mediante la intuición y la empatía, a los pocos pasos encuentran obstáculos insalvables. Ningún hombre razonable exigirá que el zenista trate ni siquiera de bosquejar las experiencias que lo han liberado y transmutado, la impensable e inexpresable “Verdad” que, en adelante, alimenta su vida. En este sentido, el Zen está emparentado con el puro misticismo contemplativo. Quien no haya tenido experiencias místicas queda excluido, haga lo que hiciere. De ahí que será comprendido únicamente por un místico, que no sucumbirá a la tentación de obtener en forma subrepticia lo que la experiencia mística le niega.

Ningún místico, ni en consecuencia ningún zenista es, después de dar el primer paso, quien será cuando haya consumado su autoperfección. ¡Cuántas cosas tiene que vencer y dejar atrás hasta que, por fin, tropiece con la verdad! ¡Cuántas veces le atormenta en el camino la desconsoladora sensación de aspirar a lo imposible! Y, no obstante, llegará el día en que lo imposible se habrá hecho posible; más aún, natural. No menos decisivo es que sus vivencias, victorias y transmutaciones han de ser vencidas y transmutadas una y otra vez, hasta tanto todo lo suyo esté aniquilado. Solo así se establece la base para las experiencias que, como “Verdad universal” lo despiertan a una vida que ya no es su vida cotidiana y personal. Vive sin que siga siendo él quien vive.

Ese estado en el que nada definido se piensa, proyecta, aspira, desea ni espera, que no apunta en ninguna dirección determinada y en el que, no obstante, desde la plenitud de su energía, uno se sabe capaz de lo posible y de lo imposible; ese estado, fundamentalmente libre de intención y del yo, es el que el maestro llama propiamente “espiritual”. En efecto, está cargado de vigilia espiritual, por lo cual se lo llama también “genuina presencia del espíritu”. Esto significa que el espíritu se halla presente por doquier, porque no está prendido en ningún lugar.


El autor del blog tomando clases de arquería taoísta en la querida Fundación Centro del Tao. Año 1997. 

Por eso, aquel que se ha liberado de todas las ligaduras, tiene que ejercer cualquier arte que sea a partir de esa plenipotencia de su presencia de espíritu no perturbada por ninguna intención, por oculta que fuese. El desprendimiento y la liberación necesarios, la internalización y condensación de la vida hasta la plena presencia del espíritu, no se dejan abandonados a una favorable predisposición ni al azar, ni tampoco confiadamente al proceso creador. Al contrario, antes de todo hacer y realizar, antes de todo entregarse y asimilarse, se provoca esa presencia del espíritu y se la asegura por medio del ejercicio.

La obra interior consiste en que él, como hombre que es, como yo que se siente ser y como quien se reencuentra una y otra vez, se convierta en la materia prima de una plasmación y formación que desembocan en la maestría. En ella se encuentran el artista y el hombre, en el sentido más amplio de la palabra, en algo superior. Porque la maestría es válida como forma de vida, por el hecho de vivir arraigada en la verdad sin límites y de ser, con su apoyo, el arte del origen. El maestro ya no busca, encuentra. Como artista es un hombre sacerdotal, como hombre un artista en cuyo corazón –en todo su hacer y no hacer, crear y callar, ser y no ser- penetra la mirada del Buda. El hombre, el artista, la obra, todo es uno. El arte de la obra interior, que él no puede hacer, sino únicamente ser, surge de profundidades que la luz del día no conoce.

Todo maestro de un arte determinado por el Zen es como un relámpago generado por la nube de la verdad omnímoda. Ella está presente en la libre movilidad de su espíritu, y en el “Se” la encuentra como en su propia esencia, original e innombrable. Con esa esencia se enfrenta una y otra vez como con la suprema posibilidad de su propio ser; y la Verdad adopta para él mil formas y aspectos. Pero a pesar de haberse sometido paciente y humildemente a una inaudita disciplina, no ha alcanzado el nivel donde estuviese tan rigurosamente compenetrado e inspirado con el Zen como para que en cualquier expresión de su vida se sienta sostenida por él, de manera que su existencia conozca únicamente horas felices. La suprema libertad aún no se le ha convertido en necesidad absoluta.
Si se siente irresistiblemente impulsado hacia esta meta, tiene que encarnarse una vez más por el sendero del arte sin artificio. Tiene que dar el salto hacia el origen, para que viva desde la Verdad como quien se ha identificado íntegramente con ella. Tiene que volver a ser alumno, novicio; tiene que vencer el último y más escarpado tramo del Camino, pasando a través de nuestras transmutaciones. Si sale airoso de esta aventura, entonces su destino se consumará en el enfrentamiento con la Verdad no refractada, la Verdad que está por encima de todas las verdades, el amorfo origen de todos los orígenes:la Nada que lo es todo, la Nada que lo devorará y de la cual volverá a nacer".




(Texto extraído del libro "Zen en el arte del tiro con arco", de Eugen Herrigel, filósofo alemán y discípulo de Awa Kenzo, uno de los maestros más importantes de kyudo -arquería- de Tokio)





martes, 14 de junio de 2016

El Tao de Alan Watts





"Existe una característica básica de la cultura china y es la actitud de respetuosa confianza hacia la naturaleza y hacia la naturaleza humana… a pesar de las guerras, las revoluciones, las matanzas, el hambre, las inundaciones, las sequías y todo tipo de desgracias. No hay nada en su filosofía semejante a la noción de pecado original o al sentimiento budista que afirma que la existencia es un desastre. La filosofía china, como la taoísta, parte de la premisa básica de que si no puedes confiar en la naturaleza y en los otros, no puedes confiar en ti mismo. Si no puedes confiar en ti mismo, no puedes siquiera confiar en la desconfianza de ti mismo, de modo que sin esta confianza subyacente a todo el sistema de la naturaleza, te encuentras, sencillamente, paralizado. Se trata de comprender que uno y la naturaleza son uno y el mismo proceso, o sea, el Tao.Debemos intentar la desesperada jugada de confiar en nosotros mismos y en los demás.

En las raíces mismas del pensamiento y el sentimiento chinos reposa el principio de polaridad, que no debe confundirse con los conceptos de oposición o conflicto. Los opuestos son aspectos diferentes de uno y el mismo sistema, y la desaparición de uno de ellos significaría la desaparición del sistema. Los dos polos de la energía cósmica son yang (positivo) y yin (negativo), están asociados con lo masculino y lo femenino, lo firme y lo flojo, lo fuerte y lo débil, la luz y la oscuridad, lo que se eleva y lo que cae, el cielo y la tierra. Consecuentemente, el arte de vivir se considera el equilibrio entre ambos.

Nunca existe la posibilidad última de que uno venza al otro, porque son como amantes en pugna más que enemigos en lucha. Pero, para nuestra lógica, resulta difícil pensar que ser y no-ser son mutuamente generador y sustentador de energía, ya que para el hombre occidental el mayor terror imaginable consiste en creer que la nada será el fin definitivo del universo. No aprehendemos con facilidad el hecho de que el vacío es creativo ni que el ser emana del no-ser, al igual que el sonido emana del silencio y la luz del espacio.

El principio yin-yang no es, por tanto, lo que corrientemente llamamos dualismo sino, en todo caso, una dualidad explícita que expresa una unidad implícita; la concepción yin-yang del mundo es serenamente cíclica. La dicha y la desgracia, la vida y la muerte van y vienen eternamente sin comienzo ni fin, y todo el sistema se ve libre de la monotonía por el hecho de que, en la misma forma, el recuerdo alterna con el olvido.

Todo el cosmos está implícito en cada uno de sus miembros, y cada aspecto de aquel debe ser considerado como su centro. Para una aproximación al Tao, el lector debe permitirse alcanzar un estado mental adecuado. Debe dejar de lado todas sus opiniones filosóficas, religiosas y políticas y ser casi como los niños, que no saben nada, excepto que oyen, ven, sienten, huelen. Ser conscientes de lo que en realidad es, sin atribuirle nombres y sin juzgarlo.
En otras palabras, la gente trata de forzar los acontecimientos, sin comprender que resulta imposible hacerlo: no hay manera de desviarse del fluir de la naturaleza. Puedes imaginar que eres ajeno al Tao –o que estás separado de él– entonces eres capaz de adoptarlo o no; pero incluso esta suposición se manifiesta desde el interior de la corriente, pues no existe otro camino más que el Camino. Quieras o no, somos eso y con ello armonizamos.

Debe quedar claro que el Tao no puede ser entendido como “Dios” en el sentido de gobernante, monarca, jefe, arquitecto y hacedor del universo. Sin embargo, el Tao es, con toda certeza, la última realidad y energía del universo, el Fundamento del ser y del no-ser. La imagen que se asocia al Tao es maternal, no paternal. Lejos de ser el agente activo, el sujeto del verbo, el hacedor y creador de las cosas, “el Tao no crea nada, pero nada queda sin hacer”. Tiene el poder de la pasividad, y se podría decir que su gravidez es energía. Así, el Tao es el curso, el fluir, la deriva o el proceso de la naturaleza. Puede ser alcanzado, pero no visto; sentido, pero no expresado; intuido, pero no clasificado; adivinado, pero no explicado. De modo similar, el aire y el agua no pueden ser cortados ni atrapados y su fluir cesa cuando se intenta contenerlos.

El término chino y taoísta que nosotros traducimos como naturaleza significa espontáneo, aquello que es lo que es en sí mismo; todas las cosas crecen y operan independientemente. No obstante, cada cosa-acontecimiento es lo que es solo en relación con las demás. El principio sostiene que si se deja que todas las cosas sigan su camino, la armonía del universo quedará restablecida. El orden de la naturaleza no es un orden forzado; no es el resultado de leyes y preceptos que los seres humanos se vean obligados a seguir, ya que no existe un mundo obstinadamente externo. Mi interior surge y se corresponde con lo que es exterior a mí y, aunque ambos difieran, no pueden verse disociados. Debido a su interdependencia mutua, todos los seres armonizarán si se los respeta y no se les fuerza a la conformidad con ninguna noción del orden arbitraria, artificial y abstracta, y esta armonía emergerá por sí misma.



Pero nuestro temor humano nos hace pensar que el Tao que no puede ser descrito y el orden que no puede ser expresado en libros representan el caos. Ese orden (li) conlleva el sentido de lo profundo, oculto y misterioso, previo a cualquier distinción entre orden y desorden. El orden del Tao no es una obediencia a algo ajeno, existe por y a través de sí mismo. La forma de ese orden no impone sus reglas al universo. En suma, el orden del Tao no es una ley, aunque posee un orden y modelo que puede ser reconocido claramente, que reconocemos en los dibujos que forma el agua al moverse, en las formas de los árboles o las nubes, en los trazos que deja la escarcha sobre los cristales o en la distribución de los guijarros en la arena de la playa. En cuanto nos encontramos frente a esta belleza, la reconocemos inmediatamente, aunque no podemos explicar exactamente por qué nos atrae. Si contemplamos su fluir nunca observaremos un error estético.

Así, el Tao es el curso fluyente de la naturaleza y del universo; li es su principio de orden o modelo orgánicos; el agua es su metáfora elocuente. El Tao y su modelo se nos escapan por el hecho de que ellos son nosotros mismos, y nosotros somos “como una espada que corta pero no puede cortarse a sí misma”, “como un ojo que ve pero que no puede verse a sí mismo”. Pero el Tao no es considerado como el amo y creador de nuestro universo orgánico. Puede reinar, pero no gobierna; es el modelo de las cosas, pero no la ley vigilante.
El mundo biológico es una sociedad que se come recíprocamente, en la que cada especie es presa de otra. Si existiera alguna especie no devorada por otra, crecería y se multiplicaría hasta su propia estrangulación. Como ocurre con los seres humanos, que gracias a su habilidad para vencer a otras especies corren el peligro de desbaratar todo el orden biológico por exceso de población y, por lo tanto, de destruirse a sí mismos. Por este motivo, todo aquel que se propone gobernar el mundo pone a todas las cosas, y especialmente a sí mismos, en peligro.



Concebir al Tao como una energía inconsciente es tan erróneo como concebirlo como un gobernante personal o un Dios. Pero si el Tao es simplemente inconcebible, ¿de qué sirve contar con palabras y decir algo acerca de él? Porque nuestra intuición nos dice que existe una dimensión de nosotros mismos y de la naturaleza que se nos escapa, y que constituye la base de todas las formas y experiencias sorprendentes de las que somos conscientes. Nuestro único modo de aprehenderla reside en la observación de los procesos y modelos de la naturaleza y mediante la disciplina meditativa de permitir a nuestras mentes que se serenen, con el fin de tener un conocimiento vívido de “qué es”, sin necesidad de comentarios verbales.

Quienes entienden el Tao se deleitan simplemente sentándose y contemplando sin ningún propósito ni resultado mental. No tienen motivo para someter o alterar el universo mediante la fuerza física o la fuerza de voluntad, ya que su habilidad consiste en acompañar el fluir de las cosas de un modo inteligente.

A esto se refieren con el no-hacer, fluctuar con las experiencias tal como éstas van y vienen. El no actuar, no forzar, acabará con esta tensión que surge de la dualidad del conocedor y lo conocido ya que, en realidad, no hay alternativa, ya que tú y las cosas son el mismo proceso: el “fluir ahora del Tao”. Al comprenderlo, automáticamente manifiestas tu magia; pero la magia es algo que nadie debe pretender, es una virtualidad referida a los acontecimientos maravillosos y felices que ocurren de una manera espontánea, el privilegio de vivir que proviene naturalmente de la comprensión intuitiva de ser uno con el Tao".




(Texto extraído de "El camino del Tao", de Alan Watts, filósofo, escritor y uno de los principales difusores de las filosofías orientales en Occidente, en los años 60´) 

domingo, 12 de junio de 2016

To flow


   "Leary" Dibujo: Natsuki Otani


Cuando poseo 
una capacidad superior
el Tao 
fluye a través de mí.

Cuando poseo
una capacidad mediana
escribo poemas
sobre cómo se debe fluir.

Cuando no poseo
capacidad alguna
el fluir me irrita.

(Timothy Leary)



Extraído del "Devocionario psicodélico" (1966), de Timothy Leary, psicólogo, taoísta y profeta de la expansión de la conciencia


sábado, 11 de junio de 2016

Las etapas de la vida

                                               Retrato de Lie Tsé (siglo V a.c), autor anónimo




Podemos dividir el período de vida de una persona en cuatro etapas: infancia, juventud, vejez, y muerte. En cada una de estas etapas se producen cambios fundamentales. 
En la infancia, nuestra sangre es fuerte y nuestra energía es plena. La mente y el cuerpo, el pensamiento y la acción, son uno. Todo lo que hacemos está en armonía con el orden natural. El niño no se ve afectado por las cosas que suceden a su alrededor. La virtud y la ética no pueden limitar su voluntad. Desnudo y libre de las convenciones sociales, sigue el camino natural del corazón.
Durante la juventud, nuestra sangre se eleva y se hace volátil. Aumentan el deseo, las preocupaciones y la ansiedad. Las circunstancias externas dirigen en esos momentos la aparición y la desaparición de las emociones. La voluntad y la intención son limitadas por las convenciones sociales. La competición, el conflicto y la planificación, constituyen la norma de las interacciones con los demás. La aprobación y la desaprobación de los demás se convierten en algo importante, y se pierde la expresión honrada y sincera de los pensamientos y de los sentimientos.
Podemos dividir el período de vida de una persona en cuatro etapas: infancia, juventud, vejez, y muerte. En cada una de estas etapas se producen cambios fundamentales. 
Durante la vejez, la fuerza de la sangre empieza a declinar. En consecuencia, también se debilitan el deseo y las preocupaciones. En comparación con los años de juventud, estamos más pacíficos y en armonía con nosotros mismos. Las convenciones sociales y las influencias externas tienen menos efecto sobre nosotros porque ya no estamos interesados en el heroísmo y en la competición. Aunque la persona mayor no se halle tan en armonía con el orden natural de las cosas como el niño, sin duda alguna es más fiel a sí mismo que cuando era joven.
Con la muerte, todo retorna a la calma. En ese momento no sabemos nada, no hacemos nada ni sentimos nada. Nuestra energía se une de nuevo a su fuente.
Confucio también habló de las etapas de la vida. Él la dividió en tres períodos: durante la juventud, nuestra sangre y nuestra energía están inestables. Por ello, en ese período necesitamos controlar nuestro deseo sexual. Con la madurez, nuestra sangre y nuestra energía son fuertes y agresivas. Por ello, en esta etapa de la vida, tenemos que domesticar nuestra naturaleza competitiva. Durante la vejez, nuestra sangre y nuestra energía son débiles. Por ello, en nuestros últimos años, tenemos que disolver nuestro apego a las cosas.
Tanto los taoístas como los confucianos proporcionan profundas comprensiones válidas de la naturaleza humana y de los cambios que se producen en nuestra vida. Para los confucianos, lo importante es entender lo que hay que hacer en cada período de la vida, de forma que podamos ser útiles a la sociedad, vivir de forma honorable e interactuar armoniosamente con los demás. Para los taoístas, lo importante es entender que la infancia, la juventud, la vejez y la muerte son etapas de la vida que debemos atravesar. Si entendemos esto, podemos aceptar los cambios que atravesamos y considerarlos como una secuencia natural de acontecimientos en el ciclo del nacimiento y de la muerte".


(Extraído del clásico taoísta "Lie Tsé o libro de la Perfecta Vacuidad", versión de Eva Wong)





Huston Smith: Yin & Yang

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Huston Smith (1919), célebre historiador de las religiones y profundo conocedor de las filosofías de Oriente, reflexiona brevemente sobre el significado simbólico del Yin & Yang

"El yin-yang, símbolo de los opuestos de la vida. No divididos por una línea aguda y certera, separando el bien por un lado, y el mal por el otro. Sino que cada uno ocupando su lugar en la ciudadela más profunda del otro, en virtud del punto negro en el dominio blanco y del punto blanco en el dominio negro, simbolizando el misterio de la relación entre los opuestos que caracterizan y conforman nuestras vidas y la forma en que estos pueden estar unidos, reuniéndose".







Traducción del audio: Juan Manuel Otero Barrigón




Wang Guo Wei, ¿pesimista taoísta?


Erudito nacido en 1877, fue uno de los grandes historiadores, arqueólogos y literatos chinos de la era moderna. Antes de cumplir los treinta años ya había estudiado todo lo relativo a Schopenhauer y a Kant. Pero al llegar a esa edad, Wang Guo Wei abandonó sus estudios, explicando sus motivos en un escrito titulado: "Autobiografía a los treinta años". 

Leemos allí: 

"Me he cansado de la filosofía desde hace mucho tiempo. Pues entre las teorías filosóficas es regla general que las teorías que se pueden amar no se pueden creer, y las que se pueden creer no se pueden amar. Yo conozco la verdad, y sin embargo amo la metafísica absurda pero grande, la ética sublime y la estética pura. Esto es lo que más amo. Y sin embargo, al buscar lo creíble, me inclino a creer en la teoría positivista de la verdad, la teoría hedonista de la ética y la teoría empirista de la estética. Sé que son creíbles, pero no puedo amarlas, y siento que las otras teorías pueden ser amadas pero no me es posible creer en ellas. Esta es la gran humillación que he experimentado durante los pasados dos o tres años. Recientemente mi interés ha pasado gradualmente de la filosofía a la literatura, porque deseo encontrar en esta última un consuelo directo.
No puedo ser un filósofo puro y no me gustaría ser un historiador de la filosofía. Esta es otra razón de que yo esté cansado de la filosofía"

Su relación con el taoísmo estuvo dada, en gran medida, por la influencia que este tuvo entre los literatos chinos, fomentando una inclinación espiritual para refugiarse de las miserias de la vida terrenal en la silenciosa belleza del paisaje, asi como en la belleza de las obras de arte. Estas ideas eran muy familiares para Wang Guo Wei, que sufría de depresión como consecuencia de experiencias personales amargas, una salud endeble y su preocupación filosófica por la condición humana. El arte era para él, salvaguarda del sufrimiento y lugar de encuentro con el Tao; por medio suyo los hombres pueden aspirar a salvarse de las ataduras espirituales de este mundo y liberarse del conflicto inherente al deseo de vivir con el fin de alcanzar cierta paz y armonía en la tierra. 

Wang Guo Wei murió en 1927, 

viernes, 10 de junio de 2016

Estar aquí, ahora



"y el asunto es que
a medida que avanzás en el plano astral
ves más y más
y la última cosa que ves
en el mundo de la forma
antes de introducirte en el plano de lo sin forma
y de la total unidad
es el Yin y el Yang

y el mundo del Yin y el Yang
es otro plano astral
y es uno de los planos más elevados
en el mundo de la forma
pero es todavía dualidad
es, todavía, polaridad
es Dios, y es hombre
es bueno, y es malo
sí y no
placer y dolor

el mundo en el que la mayoría está viviendo
la mayor parte del tiempo.

la única forma de salir de esto es tomar 
los polos de cada conjunto de opuestos
y descubrir la manera en que ellos son
Uno
y: si podés llegar a ese lugar
donde observás la interrelación 
de todo
y: ves la unidad que hay en todo
entonces: ya no estarás atado a tus
polaridades

Todo el asunto acerca de las brechas generacionales
es humo
El espíritu
es
El espíritu

Cuando podés centrarte y observar tu vida completa
como una historia cuyos capítulos están

en desarrollo

entonces: el momento de la implicación del ego
"¿estoy recibiendo lo suficiente en este momento?"
deja de ser un tema primordial
y: empezás a vivir 
en el Tao
(Camino)

Jesús dijo: Yo Soy el Camino
es el mismo Camino
el Camino
es el Camino
EL CAMINO"

("Be Here Now", Ram Dass, 1971)

 







Traducción: Juan Manuel Otero Barrigón


Li Po: tres poemas

                                                        Li Po (701-762), pintura de Liang K´ai


Poeta taoísta de la dinastía T´ang, enamorado de la luna y del buen vino, la figura de Li Po es una de las más queridas de la literatura china taoísta.
Si tenemos que creerle a sus contemporáneos, era orgulloso, vividor, cínico y alegre; tenía los ojos brillantes como los de un "inmortal desterrado" y su voz era la de un "tigre hambriento".
Los temas de su obra son la fugacidad, simbolizada por las ruinas desiertas, donde antes hubo palacios y reyes, o las mutaciones de la naturaleza inexorable, vistas con exaltación cuando evocan el Tao, o con melancolía cuando recuerdan el paso del tiempo y la vejez. Los paisajes que describe, son siempre de montaña, lugar por excelencia para la búsqueda del Tao. A veces, también, surge el mar, como inmensidad en la que viven los inmortales taoístas.

Murió a los 61 años, y sobre su muerte, hay un relato que ya es leyenda: paseando en barco un día de borrachera, quiso alcanzar el reflejo de la luna sobre la superficie del lago, y murió ahogado.

De su inspiradora obra, compartimos aquí tres de sus poemas, de profunda densidad y elevación mística y, al mismo tiempo, de apasionada lujuria de vivir.

Inscrito en el templo de la cima (Ti Feng Ding Si)

Paso la noche en el templo de la cima
Alzando la mano, alcanzo las estrellas
Pero no me atrevo a alzar la voz
Por temor a molestar a las gentes del cielo.

En la montaña, bebiendo con un ermitaño (Shan Zhong Yu You Ren Dui Zhuo)

Bebemos juntos, las flores de la montaña se abren

Un vaso, un vaso y otro más
Estoy borracho, quiero dormir, mejor será que te vayas
Mañana al alba, si quieres, vuelve con tu laúd.

Bebiendo solo bajo la luna (Yue Xia Du Zhuo)

Entre flores, mi jarra de vino

Bebo solo, sin amigo
Alzo la copa e invito a la luna
Con mi sombra, ya somos tres
Mas la luna no sabe beber
Y mi sombra me sigue en vano
Compañeras de un instante
Es preciso divertirse antes de que pase la primavera
Canto y la luna se columpia
Bailo y mi sombra también
Antes de caer borracho, divirtámonos juntos
Cada uno se dispersará despúes
Seréis, sin alma, eternas amigas
Y un tiempo llegará en que, en la lejana Vía Láctea, nos
volvamos a encontrar.




Texto introductorio: Juan Manuel Otero Barrigón


jueves, 9 de junio de 2016

Wu Chi

En acto de profundo sentimiento y amistad, les doy la bienvenida a este blog, uno más en el vasto universo ciberespecial.

El Tao nos reúne.

Partimos de Wu Chi, posición inicial en la práctica del Tai Chi / Chi Kung, a partir de la cual se desenvuelve la danza que transforma la energía interna y que incluso la genera, tal como lo enseña la naturaleza a través de los árboles.

Posición a partir de la cual, también, se irán desplegando los textos, reflexiones, obras artísticas y sensaciones que le irán dando forma al contenido de este espacio.

Saludo de bienvenida que es el del anacoreta taoísta, honda expresión china de amor hacia la vida, hacia el universo y hacia la Existencia.

La mano izquierda Yang (activa) se apoya sobre el pecho; es la que toma el corazón para ofrecerlo. La mano derecha Yin (pasiva) la cubre representando la paz y la armonía, significando en esta acción la poderosa influencia femenina, materna y protectora. Las manos, que conjuntamente, y en forma de tazón, simbolizan el néctar que se desea compartir con quien saluda.



Así, con este saludo inicial, los invito a acompañarme en la recorrida por este otro bosque taoísta.

"El espíritu del valle nunca se agota, cuanto más se vacía más se llena...
 Y ...Obrar sin actuar, actuar sin posesionar,
 son los caminos del Cielo, pero también los del Sabio".
(Lao Tsé, Tao Te King)