miércoles, 28 de diciembre de 2016

lunes, 19 de diciembre de 2016

Reeducándonos para ser como el agua


Recuerda
el fluir del agua:

Vive sin rebosar,
fluye

Vive cerca de la tierra,
fluye

Vive en caída libre,
fluye

Vive con la corriente,
fluye

Timothy Leary
"Devocionario psicodélico"

domingo, 11 de diciembre de 2016

Taoísmo y terapia Gestalt (por Charles Gagarin)


Taoísmo y Terapia Gestalt, por Charles Gagarin

La psicoterapia, a pesar de ser una nueva ciencia en Occidente, ha sido, por siglos, una parte esencial de varias doctrinas Orientales. Los taoístas siempre han reconocido que lo individual debe ser integrado. Las fuerzas conflictivas deben ser guiadas hacia el equilibrio y la armonía. El otras palabras debe ser centrada. Para los taoístas, apuntar al desarrollo espiritual sin el concomitante centrarse en lo individual, sería como construir las llantas de un automóvil y olvidar el armazón.

Cuando Fritz Perls y otros desarrollaron la Terapia Gestalt, otorgaron una forma de terapia que parte las directivas y la inmediación del Taoísmo.

Los tornillos y tuercas de la gestalt se adecuan hábilmente en el sistema filosófico del Taoísmo, y las dos forman un trabajo efectivo de combinación. El Taoísmo Gestalt posee un excelente camino no sólo en el centrarse sino también en el crecimiento espiritual.

¿Qué es el Taoísmo?

El Taoísmo, con raíces que van desde los inicios de la cultura China, está basada en el Tao, la primera causa y la esencia fundamental de todo. El Tao es invisible aún a pesar de que está manifiesto en el mundo; sin forma, permea todas las formas. Es como un gran río cósmico que fluye a través del yin y el Yang, del positivo y el negativo, del femenino y el masculino. Es la madre de todas las cosas.

El Sabio: Con este constructo, los autores taoístas, Lao-tse y Chuang-Tsé describen al hombre perfecto como el sabio (o santo) que aprende a fluir con el Tao. Él es un libre de ego y es uno con el mundo. Con su paz total y armonía no empuja, pero deja que la ola cósmica cargue con él. Él es como un hombre que viaja río abajo en balsa. Él no hace ningún esfuerzo, aún así viaja lejos. El sabio taoísta practica el esfuerzo sin fuerza, y el llevar a cabo con la no-acción. Como el hombre que hace un pasatiempo y después crece hasta ser un trabajo de tiempo completo, él hace su gusto y recibe pago por ello.

Ser centrado: El sabio no tiene deseos ni un ego demandante. Las cosas se vuelven sencillas para él. Siendo despreocupado y satisfecho, no sufre pérdidas siendo centrado y consciente, él está en el ahora.

“El sabio sabe sin viajar,
comprende sin mirar,
lleva a cabo sin actuar.”

(Lao-Tse, Trad. Susana Cano, Cap. 47)

El sabio taoísta ha sido llamado “Gente de Nube de Agua” porque flota como nube y fluye como el agua. Chuang-Tsé decía de ellos,

El verdadero hombre del viejo sueño sin soñar ni despertar sin ansiedad. Su comida fue simple, y su respiración profunda. Libre de cuidado él fue. Sin cuidado él vino. Eso fue todo. Él no olvidó su comienzo y no buscó su fin. Él aceptó lo que le fue dado con deleite, y cuando se fue, no se preocupó.
(Chuang-Tse)

El sabio enseña con el ejemplo. Su regalo para el mundo es el Tao, y la paz que brinda por estar en él. Chuang-Tsé y Lao-Tse dieron varias instrucciones de un estilo de vida, y ambos reconocieron el cambio fundamental como lo interno y un suceso de consciencia. Aunque el taoísta pueda actuar paradójicamente, él todavía queda con el fluir. Así sea un rey, un ermitaño, o un cocinero, él trabaja en prefecto ritmo y armonía.

Terreno Común

Taoísmo y Gestalt tienen mucho en común. Ambos apuntan al equilibrio de las fuerzas entre la individuación, el punto cero o el centro. Ambos reconocen que con este centrar hay una perspectiva mejorada y un darse cuenta incrementado. Ambos creen en el deseo del organismo, como oposición a la inteligencia racional. Ambos creen en estar en el “Aquí y Ahora”.

Crecimiento: Una buena Gestalt ayuda al paciente a remover los bloqueos que lo mantienen en sus dos pies. Fritz Perls veía a la persona madura como quien no necesita manipular a otros por apoyo. Perls fue muy ingenioso al decir, “La terapia Gestalt es aprender a  limpiarte tu propio trasero”. Así mismo, el taoísta no necesita manipular a los demás. se mantiene independiente y solo.

Darse Cuenta: Entendiendo que lo que está ocurriendo actualmente es esencial en terapia Gestalt. El Terapeuta debe ser centrado, y tener su inactividad interior disminuida, así puede estar más consciente de otros. Como trabaja con un paciente, lo ayuda a ser consciente de los bloqueos y fuerzas en el trabajo con él. Una vez que el darse cuenta es llevado a cabo, el paciente puede empezar a completar el trabajo sin cerrar, su “gestalt”. Darse cuenta, después acción, luego restauración del equilibrio. Como el Taoísmo, un gran darse cuenta en Gestalt ayuda a la persona a ser centrada y crecer en armonía con su medio ambiente.

Llevar a cabo con la no-acción: El maestro terapeuta gestalt deja que el paciente haga el trabajo. Él observa, y brinda “darse cuenta” al paciente. Entonces, a través de la técnica de la “silla vacía”, el paciente se ayuda al actuar los diferentes aspectos de su conflicto. Fritz Perls a menudo se rehusaba a contestar preguntas. “¿Puedo sentarme?”, cambiaba el peso de la responsabilidad al que preguntaba. Si Perls buscaba animar a un paciente o decir que estaba aburrido, él fingía quedarse dormido (y a veces lo hacía realmente). Ésta es la acción taoísta con la no-acción en el verdadero sentido.

Fritz Perls

Mientras que el Taoísmo y la Gestalt apuntan al centrarse en lo individual y uniendo las fuerzas para una armonía equilibrada, el Taoísmo va un paso más adelante. Para los taoístas, centrarse y el “darse cuenta” son esenciales, pero más allá de eso llega el estado espiritual de iluminación -la unión con todas las cosas en las cuales el hombre fluye con el Tao.

Gestalt Taoísta

El concepto de la Gestalt Taoísta no es un concepto de biblioteca. Ha sido practicado por varios años por Gia-Fu-Feng en el Stillpoint Foundation, un centro de meditación taoísta en las montañas. Gia-Fu estuvo en la creación de Esalen, cansado de caminar muchas millas, meditar y conducir mesas de trabajo por años. Aquí tuvo que conocer a Fritz Perls y su técnica. Después que fundó Stillpoint, el Taoísmo y la Terapia Gestalt se fundieron en un matiz diferente y se sintió a través de las actividades diarias.

Aunque Stillpoint, como un organismo viviente, está siempre cambiando, la siguiente descripción está basada en la experiencia del autor en 1971.

Meditación y Canto: El horario de Stillpoint está acomodado alrededor de la salida y la puesta del sol. Una hora antes de la salida del sol, los “Stillpointers”, cuyo número va de quince a treinta personas, van a meditar juntos. Desde que la quietud de la mente y el centrarse son factores importantes en el desarrollo humano integral, la meditación fue una herramienta útil para tal fin. A la salida del sol, el grupo comenzaba a contar “Om”. Esto variaba en el modo y textura de acuerdo al día. A veces era suave y pacífico; otras veces era ruidoso y catártico. después de la meditación y el canto el grupo generalmente sentía mucha calma y unión.

La Reunión Diaria: Después del desayuno, el gong sonaba para la reunión matinal. La reunión trataba primero con cualquier asunto diario o anuncios para la comunidad, ellos lo desarrollaron en el encuentro taoísta el cual será discutido después. La reunión era el enfoque del día.

Tai Chi: Después de la reunión, había muchas horas de tiempo libre. Gia-Fu, quien caminaba diez millas diarias, animaba a otros a hacer los mismo, y la caminata-meditación resultaba. A la puesta del sol el grupo se reunía en una colina de cara al oeste y seguían a Gia-Fu en el Tai-Chi-Chuan -una forma de meditación por movimientos de origen chino en la cual uno se vuelve más consciente de su cuerpo y su “chi”, la energía vital que circula a través de él.

Después del Tai-Chi los Stillpointers pueden comer, tomar saunas o baños, charlar o retirarse a eso de las nueve.

Largos Periodos: Aunque ahí siempre había visitantes por un corto tiempo, algunos Stillpointers se quedaban por meses, algunos por años. Diferente a la mayoría de las mesas de trabajo, las sesiones diarias de encuentro envolvían a una comunidad de gente quienes vivieron, meditaron, comieron y trabajaron juntos. Hubo ahí un modo fácil de ir sin el miedo a lo desconocido o la sensación de urgencia que a menudo existe en los grupos de corto tiempo. Ninguno se sintió forzado a trabajar sus problemas en un día. El ritmo fue lento y la interacción fluida.

Terapia de Chop Suey: Las reuniones matinales variaban de acuerdo al modo del día, algunas veces quieto y pacífico, otras fuerte y violento, pero la presencia del líder, Gia-Fu-Feng, siempre fue percibida. Él creía en la terapia del “Chop Suey”: Usando todos los métodos disponibles, incluidos baños y caminatas. Él usaba la imaginación, sueños, vibraciones físicas, drama o fantasías para expresar el Tao, para dejar el Tao en otras personas. A menudo “la silla vacía” era usada para enfocarse en una persona en particular, pero el grupo estaba envuelto, como lo propuso Gia-Fu: “Así el Tao se hace manifiesto -un despertar grupal”.

Liberación: El Taoísmo moderno observa tres fases de la vida: Primero, la naturaleza original del niño; Segundo, los estratos sociales impresos sobre lo individual; y finalmente, cuando es posible, la liberación. Con la liberación, lo individual vuelve a la naturaleza original del niño, pero viene con él una consciencia acrecentada. El gestáltico taoísta encuentra intentos para ayudar a que lo individual se transforme en centrarse así él puede hacer más fácil obtener libertad.

La liberación acarrea que el ego se libere -el estado de “no-yo” o Wu Wo” en chino. Para llevar a cabo esto, uno pasa por un periodo de humildad -“pequeño yo” o “Hsiao Wo”, y en terapia ostensiva “Gran yo” o “Ta Wo”. A menudo, en Stillpoint, la terapia ostensiva era empleada. Alguien podía jactarse a su alrededor diciendo: “¡Soy el más grandioso!” Sin culpa.

Desvariar: El maestro terapeuta une su ego con el grupo, y su trabajo se vuelve esfuerzo sin fuerza. Deja que la gente se acerque a él. No obliga a nada. Cuando el grupo comienza a hablar, observa y da retroalimentación. El terapeuta taoísta promueve el “delirio” como un “delirio del idiota”. Desvariar es callar el pensamiento sin dejar de imaginar y, en consecuencia, sin bloqueos. Desvariar permite que la esencia natural de la persona llegue a él.

Rabia: Así como es importante el desvarío, también lo es el soltar la rabia o el resentimiento (sacando la mierda) similar a la Terapia del Grito Fundamental de Janov, aunque no necesariamente tan intenso. Una vez que la rabia es soltada, la persona realmente puede empezar a funcionar y a vivir. “Sacar la mierda” es especialmente importante en una comunidad donde treinta gentes viven en cuartos relativamente cercanos. La tensión se erige como la electricidad en el aire antes de una tormenta. Sólo cuando el rayo y el trueno pasa la paz puede ser restaurada. Haciendo la rabia socialmente aceptable, las explosiones causadas por la fricción interpersonal se vuelve pequeño e inofensivo antes grande y dañino.

Los Stillpointers a menudo dejan ir su fuerza en el ambiente controlado de la reunión cuando normalmente lo llevan directo al grupo de terapia enfocado en uno de los dos implicados. Varias veces la rabia se almacena de un problema provocado por algunos eventos externos pequeños. La ayuda del grupo determina si la causa es externa o interna. Por ejemplo, Sue ventila su irritación en la reunión sobre algo que Joe ha hecho. Los miembros del grupo, quienes han vivido con Sue y Joe, les comunican su parecer. Algunas veces otros miembros agregan, “Sí, Joe, eso también me molesta”. La atención se centra en Joe. Si en el otro aspecto nadie está molesto por los actos de Joe, la atención usualmente se vuelve a Sue quien puede proyectar su problema en Joe.

Esta interacción del grupo facilita el destape del problema en el cual pueden entonces comenzar a trabajar con Gestalt u otros métodos.

Maestro Terapeuta: El maestro terapeuta trata de alcanzar la esencia natural de paciente -la “mismidad. A través de la meditación, caminatas, y las sesiones de encuentro, la persona comienza a tener una mejor idea de su ser verdadero. También, el terapeuta, quien debe ser despreocupado y centrado de sí mismo, ayuda a otros a volverse conscientes de la inteligencia cósmica y de la sabiduría orgánica (tal como los poderes del cuerpo lo regulan). Él evita el énfasis de la inteligencia humana. Meditación es una gran ayuda para tal “darse cuenta”.


El terapeuta toma su propia terapia por la terapia del dar. El hace lo que siente correcto en ese momento. No hay reglas, sólo sigue el flujo. Deja que cualquier cosa (pequeño en violencia) suceda. Si la reunión se va al diablo, así sea. No hay tal cosa como una reunión fracasada, ningún modelo en cada reunión tiene que encajar en él.

El terapeuta tiene paz interior, así puede percibir a los otros sin distorsión: él es uno con el paciente, y aún cuando se enoje, hay amor. Así como el Zen, él puede sacar de su confusión a un estudiante por enojarse con él, o por echarlo de la reunión. Gia-Fu fue de los que rechazó esta cura, podría tomar mucho tiempo. “Bah” replicaba “¿toma tiempo la iluminación?

El taoísta deja que la persona entre al sentir. Si la persona está deprimida, de ja que se sienta realmente deprimida, lo deja llorar y gemir. Sólo cuando se vuelve uno con el sentir la sensación se irá.

Puede usar el “humor-sanador”. La mayoría de la gente tiene “botones” -zonas emocionalmente dolorosas que le hacen reaccionar rápidamente. El terapeuta puede “presionar” ese botón, constantemente hasta que la situación se vuelve humorística y el botón desaparece. Por insistencia, si una persona odia tener las manos de otro sobre sus hombros, el terapeuta hará esto varias veces hasta que la situación se vuelva visible, y no exista más botón que presionar.

En conclusión, taoísmo y gestalt se unen para formar una versátil y efectiva forma de terapia. El terapeuta en la Gestalt Taoísta está limitado por su imaginación. Las técnicas de Gestalt se adecuan bien el sistema del Taoísmo, y éste pensamiento así mismo agrega una base filosófica sólida a la Gestalt. La gestalt Taoísta es dinámica y flexible, y muy importante, funciona.

Traducción: Jesús Reyes y Reyes

Referencias:
· Tao-Te-Ching, Lao Tse, Trad. Susana Cano M. 1999.
· The Growing Edge of Gestalt Therapy, cap. 15, Taoism and Gestalt Therapy, Charles Gagarin.
Julio de 2001

miércoles, 7 de diciembre de 2016

"Segundo paseo al Acantilado Rojo", de Su Che (cuento)

"Acantilado rojo", de Jesús Aníbal Madrigal Trujillo

"Segundo paseo al Acantilado rojo"

El día quince del décimo mes salí a pie de mi casa para encaminarme al pabellón Lin-kao. Me acompañaban dos amigos. El rocío se había convertido ya en escarcha y los árboles estaban desnudos. Se percibía en el suelo la sombra de los hombres y, alzando la cabeza, se veía la luna brillante. Mirábamos a nuestro alrededor gozando del paisaje, mientrasavanzábamos cantando y llamándonos unos a otros.

Por fin dije con un suspiro:


-Tengo amigos que me acompañan, mas no tenemos vino. Y aun cuando lo tuviésemos, carecemos de viandas para acompañarlo. La luna es blanca, la brisa es suave. ¿Qué haremos en una noche tan bella?

Uno de mis amigos dijo:

-Hoy, al atardecer, levanté la red y cogí peces de grandes bocas y finas escamas. Parecen percas. ¿Mas dónde hallaremos vino?

Volvimos a la casa para consultar a mi esposa, quien dijo:

-Tengo un celemín de vino que hace mucho tiempo puse aparte, por si me lo pedías de improviso.

Entonces llevamos el vino y los peces, y fuimos a pasearnos nuevamente bajo el acantilado rojo.

El río se deslizaba tumultuoso; sus orillas escarpadas ascendían a mil pies de altura. Las montañas eran altas y la luna parecía muy pequeña; el río había bajado, asomaban las rocas de su lecho. Pero, ¿cuántos días y meses habían transcurrido desde que visité por última vez el río y las montañas?

Recogiéndome la túnica, comencé a trepar la rocosa orilla. Avancé sobre abruptos peñascos, apartando a mi paso los matorrales; me senté sobre piedras con forma de tigres; atravesé montecillos de plantas semejantes a dragones con cuernos. Encaramándome, intenté alcanzar las inestables guaridas de los buitres, posados para pasar la noche; descendiendo, traté de vislumbrar el palacio solitario del dios de las aguas.

Mis dos amigos no pudieron seguirme. Entonces lancé un grito prolongado y penetrante. Las hierbas y los árboles se conmovieron y temblaron; resonó la montaña y el valle devolvió el eco. Levantóse el viento, haciendo ondular el agua. Me asaltó la inquietud, me sentí triste y temeroso. Me estremecí, no atreviéndome a permanecer en la orilla.

Volví sobre mis pasos, subí a nuestra barca y la dejé seguir el centro de la corriente, para que se detuviese donde ella quisiera.

Era casi medianoche. Todo estaba silencioso y calmo. Una grulla solitaria, que venía del este, rayó el cielo sobrevolando el río. Sus alas eran anchas como las ruedas de un carro. Blanca por arriba, negra por debajo, lanzaba largos gritos discordantes. Pasó sobre la barca, casi rozándola, y se dirigió al oeste.

Poco más tarde se marcharon mis amigos, y en seguida me quedé dormido. Soñé que un monje taoísta, vestido con una ondulante túnica de plumas, pasaba bajo el pabellón. Me saludó y me dijo:

-¿Ha sido agradable tu paseo al Acantilado Rojo?

Le pregunté cómo se llamaba. Tornó a saludarme, sin responder.

-¡Ah! -exclamé-. ¡Ahora te reconozco! ¿No eres tú quien sobrevoló anoche mi barca?

El monje me miró riendo. Tuve miedo y me desperté. Al abrir la puerta miré hacia afuera, pero ya el paisaje era otro.

Su Che

Extraído de: "Antología del cuento extraño" (segundo volúmen), varios autores. 
Su Che, literato chino de la dinastía Song (siglo XI) , pertenece a los llamados "ocho grandes autores" de la época clásica. Como la mayoría de los letrados de su tiempo, prestó servicios en la administración del imperio, pero sin complicarse demasiado en las intrigas políticas. Espíritu despreocupado y contemplativo, lo mejor de su obra está en su poesía y sus descripciones de la naturaleza. También cultivó la pintura.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Poesía sin nombre


Aferrarse al troquelado simbólico
innombrable, intangible, intemporal
donde se enciende la membrana de loto
y se disuelven las paradojas vivientes.

Celebrar la victoria, que viste un tejido asombrado
que florece.

Regresar al origen es señal de reposo
su aurora, incesante, se revela
en el fondo del suave misterio,
y se eriza implacable por
el mandala eléctrico y sutil.

Poesía: Vagabundo del Tao (Juan Manuel Otero Barrigón)

domingo, 27 de noviembre de 2016

Bruce Lee: aniversario del nacimiento de un mito


Bruce Lee: aniversario del nacimiento de un mito, por Juan Manuel Otero Barrigón

Dicen que con el paso de los años las figuras de los grandes hombres se agigantan, aunque algunos al poco tiempo de partir ya son verdaderos gigantes.

Lee Yuen Kam, más conocido como Bruce Lee, nació en San Francisco, Estados Unidos, un 27 de noviembre de 1940. Era el año Chino del Dragón según el zodiaco oriental, y el trabajo de su padre,que estaba de gira con una obra de la Ópera China, los había llevado al país del Norte.

De regreso a Hong Kong donde creció, el "pequeño Dragón", tal era su apodo, comenzó a practicar formalmente Wing Chun Kung Fu, al tiempo que se aproximaba durante sus años de adolescencia a distintas artes como el Tai Chi Chuan, el Tae Kwon Do, el Judo, la esgrima y hasta el mismo Boxeo. Mas tarde todas irían a confluir en su propio sistema de arte marcial y de pensamiento, el Jeet Kune Do.

Su meta era triunfar en Occidente y popularizar la cultura, sabiduría y las artes orientales lejos de sus tierras. Para ello viajó a los Estados Unidos, “el país de las oportunidades”, en épocas donde reinaban fuertes prejuicios hacia los asiáticos. A él le debemos, en buena medida, la divulgación de muchos estilos y disciplinas marciales que desde Norteamérica se expandirían por todo el mundo. Convencido de que “para alcanzar la inmortalidad, hay que vivir una vida memorable”, estudió el pensamiento filosófico de los sabios taoístas Lao-Tsé y Chuang-Tsé, se graduó en filosofía en la Universidad de Washington donde se interesó especialmente por el pensamiento de Hegel, Marx, Krishnamurti y Spinoza,todas ideas a partir de las cuales diseñó su estilo vida. Bruce fue además escritor y poeta, facetas no tan conocidas de su vida.

Como actor, participó de numerosas películas, cinco de las cuales protagonizó y son consideradas de culto en el cine de las artes marciales.

Menandro, el famoso comediógrafo griego, escribió una vez que: “aquel a quien los dioses aman, muere joven”. El 20 de Julio de 1973, tres semanas antes del estreno de su obra maestra “Enter the Dragon” (Operación Dragón),que había significado además su desembarco en Hollywood, Bruce falleció a causa de un edema cerebral provocado por una reacción alérgica a un medicamento para el dolor. Tenía 32 años y se encontraba en la cima de su carrera. Nacía el mito. La estrella de Bruce Lee ya no iría a apagarse jamás.

Bruce Lee se enfrenta a Chuck Norris en "The Way of the Dragon" (1972). Para muchos, el mejor combate marcial filmado en el séptimo arte.


viernes, 25 de noviembre de 2016

El Taoísmo es Jazz (por Alberto Manuel Belmonte)


El Taoísmo es Jazz, por Alberto Manuel Belmonte

Si pudiera equipararse el Confucionismo a un género musical, ese sería la música clásica. El Confucionismo es orden y búsqueda de la perfección armónica, ausencia de error, cooperación y límites bien marcados, organización funcional. En este sentido se trata al humano como una pequeña pieza de algo mucho más grande, un pequeño soldadito al que se le van encomendando diferentes tareas dependiendo de la etapa evolutiva en la que se encuentre. El orden social siempre está por encima del deseo individual y, por tanto, de la voluntad de decisión personal. Cada miembro de esta justa jerarquía (por tratar a todos con rotunda igualdad de oportunidades) recibe numerosas prestaciones sociales a cambio, siempre que no escape de los límites y se comporte según su rol. Si cada instrumentista realiza su cometido con entrega y dedicación, la pieza sonara perfecta para nuestros oídos y los pequeños errores que pudieran ocurrir quedarían imperceptibles. Esto es el Confucionismo, corriente de pensamiento social y política que ha tenido y tiene una gran influencia en la mentalidad asiática actual, en la que el conjunto de la sociedad siempre estará por encima del individuo.

Mientras tanto, en la otra orilla se encuentra la corriente filosófica del Taoísmo (Cuidado, no confundir con la popular religión que llegó a gozar de gran poder en ciertos momentos de la historia de China, del mismo nombre). El Taoísmo es jazz, es intuición natural, improvisación, caos benigno y humanidad sin mentiras, sin planificación, sin abstracción alguna. El Taoísmo nunca buscó la perfección ni armonía porque considera a la naturaleza humana armónica y perfecta por defecto. No hay paraíso alguno al que llegar, ni tarea alguna que nos conduzca a él. El paraíso está en nosotros, en cada acción que realizamos, en el puro presente. Es una corriente mucho más anárquica, que no cree en la moralidad ni cree en la comunicación lingüística. Tan solo cree en la experiencia actual y directa, en el “dejarse llevar” por el torrente natural que marca nuestro devenir. No se opone a ese poder que surge de las entrañas de la tierra, a esas leyes naturales a las que el humano tanto ha intentado controlar y manipular en su “beneficio”. Para el Taoísmo, el beneficio natural y el humano son la misma cosa. La relatividad campa a sus anchas, alejándose de los extremos.

Charlie Parker & Coleman Hawkins en plena improvisación creativa


El jazz no entiende de reglas, camina libre como el viento. Los músicos de jazz no siguen una partitura de manera estricta, es tan solo una guía con la que poder jugar con la música. El jazz es armonía no planeada. Cada instrumento se expresa sin subordinación alguna, pero a su vez, todo marcha, todo funciona, se llega a un clímax no buscado, a una atmósfera sensacional que nunca estuvo escrita antes. En definitiva, tanto el Taoísmo como el jazz son pura magia, un torrente de naturaleza pura y poderosa difícil de asimilar pero que cuando asimilas, puede cambiar tu vida para siempre.

Alberto Manuel Belmonte es licenciado en psicología por la Universidad de Sevilla y Master en Psicología Clínica por la Asociación Española de Psicología Conductual. Especialista en las sabidurías de Oriente,  actualmente reside en Fuzhou, China, donde realiza un estudio sociológico sobre el significado de la felicidad en los jóvenes universitarios chinos.Su recomendado sitio web es: http://experienciascumbre.es/

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Origen del Tao Te King (Bertolt Brecht)

Nota introductoria del autor del blog: comparto aquí uno de los pocos escritos literarios en homenaje al querido Yin Hsi, guardián de frontera, a cuya visión e insistencia le debemos que el Viejo Maestro Lao Tsé decidiera interrumpir su viaje hacia el Oeste para legarnos su testimonio de sabiduría escrita. Tantas veces olvidado, tantas veces ignorado, Yin Hsi es auténtico símbolo de la simpleza taoísta. Recordarlo, como lo recuerda Bertolt Brecht en este bello poema que hoy compartimos, es expresión de gratitud por su legado indirecto, la belleza contenida en el libro del camino y su poder. 



El origen del Tao-Te-King (y homenaje al aduanero Yin Hsi), por Bertolt Brecht

(Leyenda sobre el origen del libro Tao-Te-King, dictado por Lao-tse en el camino de la emigración)

A los setenta años, ya achacoso,
sintió el maestro un ansia de paz.
Moría la bondad en el país
y se iba haciendo fuerte la maldad.
Se abrochó los zapatos.

Empaquetó las cosas necesarias.
Pocas. Pero algo había que llevar.
La pipa en que fumaba cada noche.
El libro que leía a todas horas.
Algo de pan blanco.

Gozó mirando el valle, y lo olvidó
cuando la senda comenzó a ascender.
Rumiaba el buey, alegre, hierba fresca
mientras llevaba al viejo.
Pues iba muy deprisa para él.

Caminó cuatro dias entre peñas
hasta que un aduanero lo paró.
“¿Alguna cosa de valor?”. “Ninguna”.
“Es un maestro”, dijo el joven guia
del buey. Y el aduanero comprendió.

Y el hombre, en un impulso afectuoso,
aún preguntó: “¿Qué ha llegado a saber?”
Y el muchacho explicó: “Que el agua blanda
hasta la piedra acaba por vencer.
Lo duro pierde”.

Aprovechando aquel atardecer,
tiro el guia del buey, siguiendo viaje.
Ya se perdían tras un pino negro
cuando los alcanzó el buen aduanero.
Les gritaba: “¡Esperadme!”.

“Dime otra vez eso del agua, anciano”
Se detuvo el maestro: “¿Te interesa?”
“Soy sólo un aduanero”, dijo el hombre,
“pero quiero saber quien vencerá.
Si tú lo sabes, dímelo".

"¡Escríbemelo! ¡Díctalo a este niño!
No lo reserves sólo para ti.
En casa te daré tinta y papel.
Y también de cenar. Yo vivo allí.
¿Aceptas mi propuesta?”

Examinó el anciano al aduanero:
chaqueta remendada, sin zapatos,
viejo antes de llegar a la vejez.
No era precisamente un triunfador.
Murmuró: “¿Tú también?”.

Había vivido demasiado para
no aceptar tan amable invitación.
“Quien pregunta, merece una respuesta.
Parémonos aquí”, dijo en voz alta.
“Hace ya frío”, el guía le apoyó.

Echo pie a tierra el sabio de su buey.
Escribieron durante siete dias
alimentados por el aduanero,
quien maldecia ahora en voz muy baja
a los contrabandistas.

Una mañana, al fin, ochenta y una
sentencias dio el muchacho al aduanero.
Y, agradeciéndole un pequeño don,
se perdieron detrás del pino negro.
No es fácil encontrar tanta atención.

No celebremos, pues, tan sólo al sabio
cuyo nombre en el libro resplandece.
Al sabio hay que arrancarle su saber.
Al aduanero que se lo pidió

demos gracias también.
 
Bertolt Brecht

lunes, 7 de noviembre de 2016

Estar disponible (François Jullien)



Estar disponible, por François Jullien *

Disponibilidad” es una noción que permanece subdesarrollada en el pensamiento europeo: se la refiere a los bienes, posesiones y funciones, pero casi no tiene consistencia del lado de la persona o del sujeto. A lo sumo, es un término del escritor André Gide: “Toda novedad debe encontrarnos siempre enteramente disponibles”. Dado que no pertenece al orden de la moral ni tampoco al de la psicología, no es prescriptiva (o, si lo es, no podríamos precisar de qué) ni tampoco explicativa, por lo tanto no puede pensarse ni como virtud ni como facultad, que son los dos grandes pilares sobre los cuales hemos erigido nuestra concepción de la persona en Europa. La noción de disponibilidad queda en el estadio de la vaga exhortación, o se vierte en el subjetivismo y su emoción fácil, el mismo que mancha también la frase gideana. En suma, no ha ingresado en una construcción efectiva de nuestra interioridad. La posibilidad de que, a partir de ella, se elabore una categoría completa, ética y cognitiva a la vez, nunca se desarrolló.

¿Por qué ese subdesarrollo? ¿No será que, para promover la disponibilidad como categoría a la vez ética y cognitiva, haría falta que saliéramos del viejo tándem de la moral y la psicología, de las virtudes y facultades, y modificáramos profundamente la concepción misma de nuestro ethos? (N. de la R.: Este término suele referirse al conjunto de rasgos y modos de comportamiento que conforman el carácter o la identidad de una persona o una comunidad.) Porque, discretamente, sin estridencias, deslizada incidentalmente entre nuestras frases, esa noción no deja de entablar una revolución. Socava el andamiaje en función del cual nos representamos: el sujeto pasa a concebirse ya no como pleno, sino como hueco. Para el sujeto se trata, nada menos, que de renunciar a su iniciativa de “sujeto”: un sujeto que presume y proyecta, elige, decide, se fija fines y se procura los medios. Si renuncia momentáneamente a ese poder de dominio, a lo cual lo invita la disponibilidad, entonces teme que la iniciativa de la que se vale no tenga límites y se vuelva intempestiva; que le cierre el paso a la “oportunidad”, lo bloquee en una conversación estéril consigo mismo y ya no lo deje acceder a nada. Pero, ¿acceder a qué? Justamente, no sabe “a qué”. Si el sujeto renuncia a su propia herencia, si desconfía de su propiedad, es porque presiente que el privilegio que se confiere a sí mismo, atándolo a sí mismo, lo encierra dentro de límites que ni siquiera puede sospechar.

Que es preciso abstenerse de privilegiar nada, presumir o proyectar nada; que por lo tanto es preciso mantener en pie de igualdad todo lo que se escucha para no dejar pasar el menor indicio que pondría sobre la pista, por más incongruente (inesperado) que parezca; que por consiguiente es preciso mantener la atención difusa y no focalizada, es decir, no regida por alguna intencionalidad, éste constituye el primer consejo que Freud le dirige al psicoanalistas (“Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico”, 1912). En el fondo, es el único que hay que observar. Porque todos los demás, de cerca o de lejos, conducen a él. La noción de “disponibilidad” no aparece allí, pero me parece que la reflexión de Freud gira alrededor de ella, e incluso diría que es aquello que aporta como su verdad.

Freud llega a ese punto por un interés estratégico, puesto que se trata de abrir una primera brecha en el sistema de defensa del paciente. No obstante, esa concepción de una captación que se realiza por desprendimiento alteraría demasiado todo el edificio occidental del dominio de sí como para ser abordada por él más explícitamente. Y Freud se interna en ese camino con extrema prudencia, en puntas de pie. Expone una fórmula que retomará varias veces: “atención flotante” o, traduzcamos del alemán con más precisión, “sobrevolando en igual suspenso”. La fórmula es paradójica: “atención” pero “flotante”: la mente se dirige hacia, se tiende hacia, pero sin nada en particular a lo cual estaría atenta. Se concentra (atención), pero sobre todo a la vez (dispersión). Que Freud no pueda expresar sino en una fórmula que roza la contradicción la primera regla práctica del psicoanalista ya deja ver bastante bien hasta qué punto ésta socava nuestro credo teórico, que realza las facultades (del conocimiento) y su capacidad de “control”.

¿Qué sería una atención que, sin embargo, se abstiene a su vez de concentrarse? O bien, ¿qué es una atención, pero que no se deja conducir por su intencionalidad? Al mismo tiempo que está atenta, desconfía del objeto de su atención. Porque desconfía sobre todo de aquello que, en lo que dice el analizante, le interesaría de entrada y la acapararía y, por ello, la haría pasar de largo; desconfía de aquello que le hablaría al oído al psicoanalista (en el sentido familiar, interesado, de “eso me suena”) y le impediría conservar el oído abierto, vigilante, y escuchar efectivamente.

Ya que resulta evidente que, al promover la figura autónoma del sujeto y su estructuración interior pensada a partir de sus facultades, el pensamiento occidental ha obstaculizado una capacidad de apertura semejante –salvo por un tratamiento reactivo y compensatorio en un plano místico–, ¿no es ya tiempo de buscar otras perspectivas? Pero la noción de disponibilidad sólo puede ser pensada como una manera de operar. Ars operandi: ya no separar lo ético y lo teórico de lo estratégico o, como sucede en el pensamiento chino, no separar la sabiduría de la eficacia. Es que, en China, la disponibilidad resulta ser el fondo mismo del pensamiento.

Sabio sin yo

La disponibilidad está en el principio mismo del comportamiento del Sabio: es anterior a todas las virtudes. Aunque es un principio que no es principio: erigir la disponibilidad como principio la contradeciría, por la misma razón que la disponibilidad es una disposición sin disposición fija. En esto concuerdan, ya sea que la aborden desde una u otra perspectiva, todas las escuelas chinas desde la Antigüedad (lo que denomino un fondo de acuerdo del pensamiento). E incluso resumiría la enseñanza del pensamiento chino de la siguiente manera: es sabio quien sabe acceder a la disponibilidad; con eso basta. Por tal motivo, el pensamiento chino nos sorprende con su antidogmatismo (aunque lo compense el ritualismo).

Podemos empezar por aproximarnos negativamente a la disponibilidad, tal como en esta fórmula de las Analectas de Confucio (IX, 4): “Cuatro cosas que el maestro no tenía: ni idea, ni necesidad, ni posición, ni yo”. La evidencia china (digo “evidencia” porque no es algo cuestionado) es que tener una idea o, mejor dicho, exponer una idea, ya implica dejar a las otras en sombras; es privilegiar un aspecto de las cosas en detrimento de otros y caer por ello en la parcialidad. Porque toda idea expuesta es al mismo tiempo un prejuicio sobre las cosas, que impide considerarlas en su conjunto, en un mismo plano y con equidad. Se ha entrado en la preferencia y la prevención. En efecto, hay que leer la fórmula en su continuidad. Si exponemos una “idea”, se nos impone entonces una “necesidad” (un “hay que” proyectado sobre la conducta); a consecuencia de este “hay que” al cual obedecemos, resulta una posición fijada en la que la mente se estanca y ya no evoluciona; por último, de ese bloqueo en una “posición” adviene un “yo”: un yo fijo en su surco y que presenta un carácter. Ese “yo”, preso de su “posición”, ha perdido su disponibilidad. Pero la fórmula también hace un círculo: debido a que el comportamiento se fijó en un “yo”, ese yo expone una “idea”, etcétera.

En las Analectas de Confucio, abundan las fórmulas en ese sentido: el hombre de bien es “completo” (II, 14), es decir que no pierde de vista la globalidad, no deja que el campo de los posibles se restrinja por ningún lado. No “se empeña a favor ni en contra”, sino que “se inclina” hacia lo que llama la situación (IV, 10). O bien, dice Confucio acerca de sí mismo, “no hay nada que pueda o no pueda hacer” (XVIII, 8). Dicho de otro modo, el Sabio mantiene abiertas todas las posibilidades, sin excluir a priori ninguna, y se mantiene dentro de lo componible. Por tal razón, no posee un carácter y no se lo podría calificar: sus discípulos no saben qué decir de él (Analectas, VII, 18). O bien cuando se clasifica a los sabios en categorías –por un lado, los intransigentes, que se niegan a sacar siquiera un poco la mano por el bien del mundo, y por otro lado, los acomodaticios, dispuestos a cualquier compromiso para salvarlo–, ¿qué dirán de Confucio? ¿Es intransigente? ¿Es acomodaticio? ¿Dónde ubicarlo (qué “posición” atribuirle) en esa tipología? Mencio responderá que “la sabiduría es el momento”: tan intransigente como los más intransigentes cuando conviene; tan acomodaticio como los más acomodaticios, también cuando conviene. Ya no está ligado a una u otra postura, sólo el “momento” sirve de referencia. Porque la “sabiduría” no tiene un contenido que la oriente o la predisponga; o bien no tiene otro contenido que volverse disponible en ocasión del momento, renovándose incesantemente.

Confucio, Lao Tsé, Mencio

Vemos así que el “justo medio”, un tema tedioso como pocos y que creeríamos que se deriva de la sabiduría popular, sale al fin de su chatura. Adquiere un relieve inesperado. Ya no es banal, sino radical. Ya no consiste en quedarse en un ámbito endeble, miedoso, a medio camino entre los opuestos y temiendo el exceso (“ni tanto ni tan poco”, como dice el refrán); evitando prudentemente aventurarse tanto hacia un lado como hacia el otro y afirmar fuertemente su preferencia. “Mediocridad” que no es “dorada”, como escribió Horacio (Aurea mediocritas), sino opaca, gris. En cambio, el justo medio, para quien sabe pensarlo con rigor (Wang Fuzhi) es poder hacer tanto lo uno como lo otro, ser capaz tanto de un extremo como del otro. Tres años de luto por la muerte del padre, nos dicen, no es demasiado; aunque beber copas sin medida durante un banquete tampoco es demasiado –de ningún modo exagero–. El riesgo consiste más bien en estancarse en un lado y que se nos cierre la otra posibilidad. En oposición a ello, la disponibilidad consistirá en mantener el abanico completamente abierto –sin rigidez ni evasión– de manera de responder plenamente a cada solicitación que surge. Plenamente quiere decir: sin dejar de lado ni desatender nada, porque ningún carácter o sedimentación interior habrá de obstaculizar esa ductilidad.

El pensamiento chino supo percibir especialmente la diferencia que hay entre “estar en el medio” y “estar ligado al medio”. Por un lado están aquellos que no sacrificarían un pelo por el bien del mundo, y por el otro aquellos que están dispuestos a hacerse masacrar por su salvación: un “tercer hombre”, que está en el medio de esas posturas adversas, parece “más próximo” (Mencio). Pero “estar ligado a ese medio sin sopesar la diversidad de los casos es aferrar una sola posibilidad” y “dejar ir otras cien”; y por lo tanto es “arruinar el camino”. Desde el momento en que nos atenemos a una posición, se fija un “yo”, el comportamiento se estanca, algún imperativo o algún “hay que” se estabiliza y ya no estamos en armonía: la plenitud pierde su amplitud y ya no reaccionamos a la diversidad que se ofrece. Porque la disponibilidad, como disposición interior que se abre a la diversidad, va acompañada de la oportunidad: está disponible aquel que sabe –como también dijo Montaigne aunque sin convertirlo en disposición del conocimiento– “vivir en buen momento”.

Este pensamiento, como dije, no es privativo en China de una escuela particular, y la misma capacidad de conocimiento tiene como condición el vaciamiento de la mente: el “conocer” chino no es tanto hacerse una idea de algo cuanto volverse disponible a algo. Se produce una purgación interior, no por medio de la duda que elimina los prejuicios, sino mediante un abandono generalizado, que se efectúa no a nivel del intelecto sino del comportamiento. De allí surge el desprendimiento, que le da su amplitud al acceso. Hay que cuidarse de dejar que la mente se vuelva una mente “dada”, dice Zhuangzi. Una mente dada, rígida, constituida, cuya actividad entonces se paraliza y que se encierra dentro de su perspectiva, se vuelve sin saberlo un punto de vista. Porque la primera exigencia, ya sin proyectar una preferencia o una reticencia, es mantener todas las cosas “en pie de igualdad”. Es incluso porque sabe mantener todo en un pie de igualdad, como muestra pertinentemente Zhuangzi, y está en condiciones de remontarse al fondo indiferenciado, “del tao”, de donde brotan todas las diferencias, que el Sabio está en condiciones de acoger la menor diferencia en su oportunidad, sin reducirla ni dejarla pasar. El “yo”, que deja de ser un obstáculo (lo que significa “perder su yo”, wang wo), puede escuchar entonces todas las músicas del mundo, diversas como son, en su espontáneo ser “así”, a placer, acompañando su despliegue singular.

* Texto extractado de "Cinco conceptos propuestos al psicoanálisis", publicado originalmente en el diario Página 12

martes, 1 de noviembre de 2016

Los monjes y el caracol (cuento)


Había una vez dos monjes que paseaban por el jardín de un monasterio taoísta. De pronto uno de los dos vio en el suelo un caracol que se cruzaba en su camino. Su compañero estaba a punto de aplastarlo sin darse cuenta cuando le contuvo a tiempo. Agachándose, recogió al animal. "Mira, hemos estado a punto de matar este caracol, y este animal representa una vida y, a través de ella, un destino que debe proseguir. Este caracol debe sobrevivir y continuar sus ciclos de reencarnación." Y delicadamente volvió a dejar el caracol entre la hierba.
"¡Inconsciente!", exclamó furioso el otro monje. "Salvando a este estúpido caracol pones en peligro todas las lechugas que nuestro jardinero cultiva con tanto cuidado. Por salvar no sé qué vida destruyes el trabajo de uno de nuestros hermanos".
Los dos discutieron entonces bajo la mirada curiosa de otro monje que por allí pasaba. Como no llegaban a ponerse de acuerdo, el primer monje propuso: "Vamos a contarle este caso al gran sacerdote, él será lo bastante sabio para decidir quien de nosotros dos tiene la razón."

Se dirigieron entonces al gran sacerdote, seguidos siempre por el tercer monje, a quien había intrigado el caso. El primer monje contó que había salvado un caracol y por tanto había preservado una vida sagrada, que contenía miles de otras existencias futuras o pasadas. El gran sacerdote lo escuchó, movió la cabeza, y luego dijo: "Has hecho lo que convenía hacer. Has hecho bien". El segundo monje dio un brinco. "¿Cómo? ¿Salvar a un caracol devorador de ensaladas y devastador de verduras es bueno? Al contrario, había que aplastar al caracol y proteger así ese huerto gracias al cual tenemos todos los días buenas cosas para comer." El gran sacerdote escuchó, movió la cabeza y dijo "Es verdad. Es lo que convendría haber hecho. Tienes razón."

El tercer monje, que había permanecido en silencio hasta entonces, se adelantó. "¡Pero si sus puntos de vista son diametralmente opuestos! ¿Cómo pueden tener razón los dos?" El gran sacerdote miró largamente al tercer interlocutor. Reflexionó, movió la cabeza y dijo: "Es verdad. También tú tienes razón."

viernes, 21 de octubre de 2016

Confucio conversa con Lao Tsé


Escena de la película "Confucio" (2010), de Hu Mei, centrada en los últimos años de la vida del filósofo humanista chino, período que abarca desde su asunción en un cargo político a los 51 años, hasta su muerte a la edad de 73. Todo en el marco de una época en el que tiene lugar la apoteósica historia de enfrentamientos entre los Estados chinos. Nacido en el año 551 A.C. Confucio murió siendo un hombre muy importante para la cultura de su país, en un momento en la que se libraban innumerables guerras entre los distintos reinos. En ese contexto, el rey Lu aceptó la ayuda de Confucio, quien empleó su inteligencia y carisma para calmar su estado de conflicto interno y de guerras interminables. Pese a sus esfuerzos, las grandes potencias del Estado se sintieron amenazadas por el filósofo, por lo que Confucio terminó retirándose al exilio.
La película fue protagonizada por Chow Yun Fat y cuenta con esta breve escena donde Confucio imaginariza un diálogo con Lao Tsé, a quien considera su maestro.  


lunes, 17 de octubre de 2016

Tigre y Dragón


Tigre y Dragón. Representan la fuerza y la sabiduría. Pero no la fuerza entendida como fuerza física. Sino aquella fuerza que surge desde nuestro interior, el temple espiritual. 

Los orientales siempre han creído que el ser humano tiene dos fuerzas, la del cuerpo y la del espíritu. El cuerpo es la flecha y el espíritu es el arco. Aquella fuerza que verdaderamente trasciende todas las barreras y que nos eleva como personas, es la espiritual. 

Para representarlo, eligieron dos animales. Uno de ellos real, típico de Asia, y que expresa por su sola imagen majestuosidad y fortaleza. El otro fantástico, y también antiguo, para simbolizar aquello que no se ve pero que lleva en sí la comprensión de todas las épocas y de todos los tiempos. 

Fuerza y sabiduría. Del equilibro entre ambas, representado por el eterno símbolo del Yin y el Yang, surge el hombre sabio, aquel que sabe como vivir la vida, y que comprende el verdadero significado de la muerte.

jueves, 13 de octubre de 2016

El profeta loco (poesía)



El profeta loco 
es un personaje singular
dice lo que todos callan
su voz es contracultural.

Camina por tierras fangosas
a las que nadie quiere ir
lejos de las convenciones
su sabiduría es la de vivir.

Los demonios a los que se enfrenta
viven todos en su interior
luchando a contracorriente
en guerra contra su ego impostor.

La gente no entiende su Dharma
cuestiona su modo de andar
inquieta, perturba y conmueve
a la llamada sociedad normal.

Nadie es profeta en su tierra
dijo un sabio alguna vez
pero este profeta aún sueña
con un mundo girando al revés.

Poesía: Vagabundo del Tao (Juan Manuel Otero Barrigón)

Pintura: Jez

martes, 11 de octubre de 2016

Transformación


"Quisiera insistir en el hecho de que las religiones del Lejano Oriente -como el hinduismo, el budismo y el taoísmo, por ejemplo- no requieren de ninguna creencia concreta, no imponen obediencia a mandamientos emanados de las alturas y tampoco exigen la ejecución de ningún ritual específico. Su objetivo no son las ideas o las doctrinas sino que, por el contrario, constituyen un método para la transformación de nuestra conciencia y de nuestra sensación de identidad".

Alan Watts

sábado, 8 de octubre de 2016

Cuentos del Taoísmo y el Budismo Zen


Libros
Había un reconocido filósofo y docente que se dedicó al estudio del Zen durante muchos años. El día que finalmente consiguió la iluminación tomó todos sus libros, los llevó al patio y los quemó.

Desterrando a un fantasma
La esposa de un hombre estaba muy enferma. En su lecho de muerte le dice, "¡Te amo demasiado!, no quiero dejarte, y no quiero que me traiciones. Promete que no verás otras mujeres cuando yo muera o volveré para rondarte. 
Durante varios meses después de su muerte el marido evitó a otras mujeres, pero conoció a alguien y se enamoró. En la noche que se comprometieron, el fantasma de su difunta esposa se le apareció. Ella lo acusó de no cumplir con la promesa, y volvió todas las noches para atormentarlo. El fantasma le recordaba todo lo que habían pasado él y su prometida ese día, hasta el punto de repetir, palabra por palabra, las conversaciones que habían tenido. Esto lo trastornó tanto que no pudo dormir nada.
Desesperado buscó el consejo de un maestro Zen que vivía cerca del pueblo.
"Este fantasma es muy listo", dijo el maestro luego de oír la historia del hombre.
"¡Lo es!", contestó el hombre. "Recuerda cada detalle de lo que dije e hice. ¡Lo sabe todo!"
El maestro sonrió. "Deberías admirar a un fantasma así, pero yo te diré que hacer la próxima vez que aparezca."
Esa noche el fantasma regresó. El hombre hizo exactamente lo que le había dicho el maestro.
"Eres un fantasma muy sabio", dijo, "Sabes que no te puedo esconder nada. Si puedes responderme una pregunta, romperé el compromiso y permaneceré soltero por el resto de mi vida".
"Haz la pregunta", contestó el fantasma. El hombre sacó un puñado de frijoles de una gran mochila que estaba en el piso, "Dime exactamente cuantos frijoles tengo en mi mano".
En ese momento el fantasma desapareció y no volvió nunca más.

Buda cristiano
Uno de los monjes del maestro Gasan visitó la universidad en Tokio. Cuando regresó, le preguntó al maestro si alguna vez había leído la Biblia cristiana. "No", respondió Gasan, "por favor léeme algo de ella". El monje abrió la Biblia en el Sermón del Monte de San Matías, y empezó a leer. Después de leer las palabras de Cristo sobre los lirios en el campo, se detuvo. El maestro Gasan permaneció en silencio durante un largo tiempo. "Sí", dijo finalmente, "quien haya pronunciado estas palabras es un ser iluminado. ¡Lo que acabas de leerme es la esencia de todo lo que he estado tratando de enseñarte aquí!"

Persiguiendo dos conejos
Un estudiante de artes marciales se aproximó el maestro con una pregunta. "Quisiera mejorar mi conocimiento de las artes marciales. Además de aprender contigo quisiera aprender con otro maestro para aprender otro estilo. ¿Que piensas de esta idea?" "El cazador que persigue dos conejos", respondió el maestro, "no atrapa ninguno".

Una situación tensa
Un día mientras caminaba a través de la selva un hombre se topó con un feroz tigre. Corrió pero pronto llegó al borde de un acantilado. Desesperado por salvarse, bajó por una parra y quedó colgando sobre el fatal precipicio. Mientras el estaba ahí colgado, dos ratones aparecieron por un agujero en al acantilado y empezaron a roer la parra. De pronto, vio un racimo de frutillas en la parra. Las arrancó y se las llevó a la boca. ¡Estaban increíblemente deliciosas!

Destino
Durante una batalla, un general japonés decidió atacar aún cuando su ejército era muy inferior en número. Estaba confiado que ganaría, pero sus hombres estaban llenos de duda. Camino a la batalla, se detuvieron en una capilla. Después de rezar con sus hombres, el general sacó una moneda y dijo, "Ahora tiraré esta moneda. Si es cara, ganaremos. Se es cruz, perderemos. El destino se revelará". Tiró la moneda en el aire y todos miraron atentos como aterrizaba. Era cara. Los soldados estaban tan contentos y confiados que atacaron vigorosamente al enemigo y consiguieron la victoria. Después de la batalla, un teniente le dijo el general, "Nadie puede cambiar el destino"."Es verdad", contestó el general mientras mostraba la moneda al teniente, que tenía cara en ambos lados.

El general y su reliquia
Había un general que estaba en su casa apreciando su colección de antigüedades, cuando de repente casi se le cae un precioso jarrón.
-¡Oh! ¡Qué susto!
Pensó: "Ya he dirigido millares de soldados, enfrentando diversas situaciones de vida o muerte y jamás me atemoricé. ¿Por qué será que hoy por causa de una vasija me asusté de esa manera?”.
Finalmente, él comprendió que el hecho de tener en su mente “deseo y rechazo” era la causa de su miedo. Entonces simplemente arrojó la valiosa vasija y la quebró.

La puerta del paraíso
Un gran general preguntó al maestro:
-¿Realmente existen el paraíso y el infierno?
-¿Usted qué hace?
-Soy un general.
-¡Haa! ¿Qué general? ¡Mas bien parece un carnicero!
-¡¿Qué?! -dijo furioso el general- ¡Lo voy a matar!
-En este momento se abre la puerta del infierno.
-Disculpe, perdí mi postura...
-En este instante se abre la puerta del paraíso.

Ni más ni menos
Existía un hombre muy rico que a pesar de tener mucho dinero tenía una naturaleza mezquina. No soportaba el hecho de gastar ni siquiera un centavo de su dinero.
Un hermoso día, el Maestro Ch`an (Zen) Mo (silencioso) Hsin (divino) fue a visitarlo.
-El monje dijo: “Suponga que mi puño estuviera cerrado así para siempre, desde el nacimiento hasta la muerte, sin cambio; ¿cómo llamaría a esto?...”
-“Una anormalidad (deformación).”
-“Suponga que esta mano estuviera abierta así para siempre, desde el nacimiento hasta la muerte, sin cambio; ¿cómo llamaría a esto?...”
-“Eso también sería una anormalidad.”
-“Sólo es preciso que usted comprenda lo que acabamos de conversar, para que se convierta en una persona rica y feliz.

Soñando
El gran maestro Taoísta Chuang Tzu soñó una vez que era una mariposa revoloteando aquí y allá. En el sueño no tenía conciencia de su individualidad como persona. Era sólo una mariposa. De pronto, se despertó y se encontró ahí acostado, una persona otra vez. Pero entonces pensó para sí mismo, "¿Era antes un hombre que soñaba ser una mariposa, o soy ahora una mariposa que sueña ser un hombre?"

miércoles, 5 de octubre de 2016

Sufrimiento, libido y noción del Yo en la psicología y el Budismo


Sufrimiento, líbido y noción del Yo en la Psicología y el Budismo, por Juan Manuel Otero Barrigón


Si hablaremos de psicología, a la que nos referiremos es a la psicología clínica, es decir, aquella originada en el klinein, en el inclinarse del antiguo médico sobre el lecho del paciente sufriente (klinike era la práctica medieval de atender al enfermo que se encontraba recostado en su cama), tal como lo indica su significado original.

La psicología clínica nace motivada en dar una respuesta integral y eficaz al sufrimiento humano, a las vicisitudes que en el ciclo vital atraviesa toda persona, y al carácter conflictivo del hombre mismo, en toda su dimensión.

Y es esta misma preocupación originaria la que determina el surgimiento de la filosofía del príncipe Siddharta Gautama, el llamado Iluminado. Del otro lado del mundo, y con varios siglos de anticipación, el Budismo surge haciéndose las mismas preguntas, en un sentido puramente existencial y metafísico. En el mismísimo punto de partida del camino del príncipe Siddharta encontramos su preocupación primordial por la condición sufriente del hombre. ¿Por qué envejecer y morir? ¿Por qué sufrir? ¿Cúal es el sentido de la existencia a la luz de la multitud de pesares a las que estamos sujetos en nuestra condición humana actual? Todas estas preguntas se las hará el joven príncipe en el inicio de su recorrido espiritual; recorrido que, y ateniéndonos a los registros biográfico-legendarios que tenemos de su existencia, trazaran la multitud de vivencias que lo acompañarán hasta el despertar (satori) a la sombra del árbol bodhi.

Este primer paralelo nos deja entrever la afinidad original existente entre la psicología, en su dimensión clínico-asistencial y la filosofía de vida budista. Ambas tienen al hombre como objeto de estudio y de interrogación desde el comienzo, y ambas buscan brindar una respuesta y una solución a la misma condición sufriente que atraviesa al hombre en todas las etapas de su vida.

La historia nos cuenta que, habiendo crecido rodeado de multitud de placeres y privilegios, el príncipe Siddharta fue objeto de lo que en la historiografía del Budismo se conoce como las cuatro visiones, con motivo de un desfile ceremonial en el imperio de los Shakya, su tribu de origen. Su padre, que estaba advertido del destino de asceta que le deparaba al joven príncipe, y decidido a impedir por todos los medios que la profecía se cumpliera y que Siddharta abandonara la vida palaciega para dedicarse a los asuntos espirituales, había procurado evitarle cualquier tipo de contacto con las cosas del mundo exterior, especialmente con los sufrimientos y pesares de la vida misma. Empero, no puede eludirse el Dharma universal, y fue en esa ceremonia imperial en la que los ojos de Siddharta tomaron contacto por primera vez, en sus veintitantos años de vida, con la realidad del sufrimiento. Un muerto, un leproso, un anciano y un saddhu (monje) fueron las cuatro visiones que el príncipe tuvo en esa ceremonia, a pesar de los intentos paternos de limpiar el camino de todo estímulo perturbador. No había caso, el destino del joven príncipe debía cumplirse.

Fue entonces que, perturbado por estas visiones, decidido a encontrar una explicación a tanto sufrimiento y dolor, conmovido a su vez por la paz y la serenidad espiritual irradiada por el anciano asceta, Siddharta tomó una decisión radical, la gran decisión: abandonó todo. Palacio, esposa, hijo y un futuro como rey de su tribu quedaron atrás para el príncipe, que ya había encontrado un sentido para su vida, un camino de búsqueda que respondiera a sus interrogantes profundos. El Budismo nace así, al igual que la psicología clínica, con el fin de brindar una ayuda y una respuesta práctica (y también teórica y existencial, según el caso) al problema del sufrimiento.

Se ha dicho más de una vez que el budismo es la más psicológica de las filosofías orientales. Y en efecto es quizás, el sistema de pensamiento oriental que más aportes ha hecho y con el cual mayor cantidad de puentes pueden establecerse si de saber psicológico se trata. Ya hemos visto la motivación originaria del fundador del budismo, y hemos podido tomar nota de coincidencia con los fines de la psicología clínica. Ahora bien, ¿qué más ha dicho la filosofía del Buda que nos competa como psicólogos? ¿qué otros conceptos propone dicha filosofía? Para responder a esta pregunta, tendremos que tomar en consideración algunos conceptos pilar de esta filosofía existencial, conceptos entre los cuales, destacaremos el de impermanencia (Annica) e impersonalidad (Anatta).


Cuando Buda habla de Anicca o impermanencia, se refiere al constante surgimiento, el constante devenir y la constante desaparición de todos los fenómenos. Dicho en otras palabras, no hay nada permanente: todo está sujeto al devenir, al cambio, por lo tanto, no hay nada a lo que aferrarse. El deseo, al cual Buda responsabilizará por la existencia del sufrimiento en el hombre, se termina cuando se alcanza el objeto, pero si todo cambia, incluso cuando dicho objeto se consigue, seguirá cambiando y ya no será el mismo. Es por este motivo que los anhelos se denominan sed, y el hombre está verdaderamente, sediento eternamente, ya que, cuando mitiga su sed, esta se transforma, prolongando así una interminable rueda cíclica de deseos. Siempre se está en estado de tensión según Buda, y esto ata al hombre a la experiencia sufriente.

Por otra parte, al hablar de Anatta o impersonalidad, nos será de suma importancia considerar como es que el Budismo entiende al Yo, mejor dicho, que es el Yo para el Budismo.
El Budismo habla del Yo como de un conjunto de cinco elementos o agregados. Uno es físico, y el resto son mentales. La forma, el primero de ellos, está constituida a su vez por los cuatro elementos que integran la materia: tierra, agua, aire y fuego. El segundo elemento es la percepción, es decir, la facultad sensorial por la cual tomamos nota y conocimiento del mundo, y de todo lo que nos rodea. El tercer elemento es la sensación, esto es, la impresión que causan los objetos sobre los sentidos. El cuarto elemento es el esquema o hábito mental, que se constituye como producto de las impresiones reiteradas. Y finalmente, el quinto y último elemento es la conciencia, objeto de transmigración entre una reencarnación y otra, para algunos budistas.

Cuando una persona muere, de acuerdo a ciertas corrientes del Budismo, el cuerpo se desintegra y cada elemento constitutivo, tierra, agua, aire y fuego vuelven a sus respectivos orígenes. Y así como existen receptáculos para los elementos físicos, también se supone la existencia de reservorios de carácter más abstracto para los elementos mentales. De esta manera, podemos suponer que para reencarnar, es necesario que se vuelvan a reunir los cinco componentes, volviendo, en esencia, la conciencia, el único que se va modificando a lo largo del proceso de muerte y renacimiento, para ir perfeccionándose progresivamente, hasta alcanzar el Nirvana o liberación.

Entonces, cabría ahora preguntarnos: ¿qué hay del yo y de la identidad a la que tanto nos aferramos en occidente y cuya conceptualización es tan crucial para la psicología? Efectivamente, solemos entender al yo como aquella instancia psíquica que nos imprime una copia de la realidad, que obtiene las percepciones del mundo exterior e instaura además, y de acuerdo a la teoría psicoanalítica, el principio de realidad que destituye al principio de placer. El yo integra nuestra identidad, que es aquel sentido que proporciona a la personalidad una unidad y coherencia en el tiempo. Es debido a que poseemos identidad, que somos y nos reconocemos como nosotros mismos en las distintas épocas de la vida, y cuya naturaleza está por lo tanto perturbada en mayor o menos medida, en las distintas patologías mentales. Ahora bien, si todo es transitorio y al momento de morir, todo aquello que nos constituye desaparece (excepto recordemos, la conciencia, cuyo concepto difiere del de identidad y yo), ¿qué hay del yo y de la identidad para el Budismo?

Pues bien, el Budismo responderá que no hay tal yo permanente, ni tampoco tal identidad. Dado que todo es impermanente y fluye, y que no existe ningún eje que nos defina como seres individuales, indiferenciados, y poseedores de una mismidad que nos haga únicos y diferentes al resto, nuestro yo es insubstancial, es decir, no posee ningún fondo o contenido propio que haga que, por ejemplo, exista un pensador detrás de cada pensamiento. Somos, en tanto y en cuanto los cinco elementos que nos integran están unidos por el tiempo que dura nuestra vida. Cuando estos elementos se separan al morir, sólo queda la conciencia que trasciende, pero ya no hay substancia de ningún tipo, y por lo tanto, ya no hay yo ni identidad.

Algunas escuelas budistas antiguas irán más lejos aún, alegando que ni siquiera la conciencia permanece tras la muerte corporal, por lo que ninguno de los cinco elementos constitutivos perdura tras el cumplimiento del ciclo de la vida. Según esta concepción, lo único que generará las condiciones para un nuevo nacimiento será el karma, aquel eco impersonal que brota como respuesta de todo cuanto hacemos, decimos y pensamos. 


Vemos como en esta concepción, el Budismo difiere profundamente de prácticamente todas las escuelas psicológicas conocidas, y las consecuencias de tales planteos, darían lugar a numerosas reflexiones que en alguna oportunidad seguiremos desarrollando.

Por último repararemos en la noción de líbido, concepto psicoanalítico entendido por su fundador, y que aquí simplificaremos, como aquella energía, considerada en su dimensión de magnitud cuantitativa, que siendo vital e instintiva gobierna el inconciente y dirige la conducta hacia el placer.

Cuando el Budismo habla de deseo como causa del sufrimiento, se refiere fundamentalmente al apego, esa sed infinita que continuamente tiende hacia un objeto distinto, encerrándonos en un círculo vicioso que no nos permite salir. En este sentido, difiere del sentido que Freud le daba a la palabra líbido. Puede haber, de acuerdo a la filosofía búdica, un tipo saludable de líbido, como lo es el instinto de conservación, el dar y recibir placer o amor; o bien un tipo destructivo, que es el que tiende a la desaparición y la muerte. Sin embargo, el deseo para los budistas, es causa y razón del sufrimiento debido a que la realidad nos demuestra constantemente que no obtenemos lo que queremos o deseamos, sino que muchas veces ocurre lo contrario, razón por la cual, el deseo nunca es en definitiva, ni en ningún caso, a diferencia de la líbido, positivo.

La preocupación por el sufrimiento humano, las nociones de yo y de identidad, y la conceptualización de la líbido y el apego son solamente algunos de los paralelos que pueden invitarnos a reflexionar sobre los posibles puentes a tenderse entre la psicología clínica y la filosofía budista. Estas palabras compartidas son solamente una introducción, una invitación a continuar profundizando el diálogo entre la psicología de Occidente y los senderos orientales de liberación, con fundamentos que rescaten lo mas auténtico, genuino y enriquecedor de estas concepciones ancestrales de la vida.

Bibliografía básica:

* Laplanche, Jean; Pontalis, Jean. Diccionario de Psicoanálisis.
* Tallaferro, Alberto. Curso básico de Psicoanálisis. Editorial Paidós, Bs As, 1970.
* Wolpin, Samuel. Todas las respuestas del Budismo. Ediciones del Amanecer Dorado, Bs As, 1992.

sábado, 1 de octubre de 2016

Existencia


¿Qué es la Existencia?

Es aquello que estando subliminalmente como Esencia en la trascendencia del propio Ser, no se encuentra por ninguna parte; es decir, que estando en todo no está en ningún lado. Porque la Existencia es infinita y eterna en sí misma, mientras que el universo, la naturaleza y la vida son temporales, efímeros y finalmente desaparecen.

La Existencia se encuentra detrás de todo lo que aparece y desaparece y de todas las transformaciones, mientras que ella se mantiene inalterable e imperecedera por siempre.

Por lo tanto, la Existencia es eso intangible e inexplicable que se verifica únicamente en la expansión de la Conciencia.

AON (Alejandro Omar Nepote)

domingo, 25 de septiembre de 2016

Una espontánea naturalidad


Breve presentación sobre el significado profundo de la noción china de Tao, según el doctor en filosofía Bernardo Nante.

Inmortales(8): Ho Hsien-ku



Ho Hsien-ku fue el único inmortal que era definitivamente mujer. En el mito, tenía sólo seis pelos en la cabeza pero en las pinturas suele aparecer con todo su pelo. Logró la inmortalidad despúes de soñar que iba a las montañas de madreperla, en donde creció y comió una perla que la volvió inmortal. Despúes de esta transformación pasaba el tiempo vagando por las montañas, recogiendo bayas para su madre. El emperador le ordenó presentarse en la corte pues quería ver una mujer inmortal, pero ella desapareció. Llevaba un loto y representaba a la mujer soltera.


miércoles, 21 de septiembre de 2016

Inmortales(7): Lan Ts´ai ho



Lan Ts´ai-ho puede haber sido mujer, o un hombre "que no sabía cómo serlo". De todos modos nos referimos al personaje en femenino. Su familia vendía hierbas medicinales. Cierto día ella encontró un viejo mendigo cubierto de llagas y lo cuidó. El mendigo era en realidad Li T´ieh-kuai, quien, agradecido, premió a Lan con la eterna juventud (en otro relato, Lan bebió tanto que murió y fue arrebatada en una nube).

Lan vagaba por ahí vestida con una túnica azul desgarrada y una sola sandalia, y hacía cosas tan extrañas como dormir en la nieve en invierno y usar ropa interior térmica en verano. Era juglar: cantaba en diversos pueblos e instaba a la gente a buscar el Tao. Llevaba un laúd (o un cesto de frutas) y representaba a los pobres.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Inmortales(6): Han Yu



Han Yu era un gran poeta y filósofo; enseñaba los tres elementos de la naturaleza humana: la bondad, la maldad y el equilibrio. Fue expulsado de la corte por quejarse de la influencia del budismo y enviado a la soledad de Cantón, región de China llamada también Guanzhu, en donde ayudó a la gente matando un dragón. Intentó trepar al árbol de la inmortalidad pero cayó; se volvió inmortal oportunamente, justo antes de llegar al suelo. Representaba la cultura. 


lunes, 12 de septiembre de 2016

Inmortales(5): Li T´ieh kuai


Li T´ieh kuai, llamado "Li, el de la muleta de hierro", aprendió el Tao del propio Lao Tsé. Antes de morir, Li dijo a su servidor que podía regresar al cielo y que no quemara su cadáver sino pasados siete días. El servidor esperó seis días y supo entonces que su madre estaba muriendo. Se imaginó que Li no volvería despúes de tanto tiempo, así que quemó el cadáver y fue a ver a su madre.

Cuando el alma de Li T´ieh kuai volvió más tarde, se encontró con que su cuerpo no era más que un montón de cenizas. El único cuerpo disponible era el de un mendigo, sucio y lisiado, que había muerto de hambre. Li T´ieh kuai quería cambiar el cuerpo por uno mejor pero Lao Tsé sugirió que se quedara con el del mendigo, y le concedió algunos dones útiles: una cinta de oro, una muleta de hierro y una calabaza que podía devolver la vida. Li T´ieh kuai fue a casa de su servidor, lo encontró llorando sobre el cuerpo de su madre, y le devolvió a ésta la vida con la calabaza. En su condición de inmortal representaba a los enfermos; los boticarios ponían su imagen en sus avisos.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Ojos



"Los ojos de un animal tienen la capacidad de hablar un gran lenguaje. Por sí solos, sin necesidad de la ayuda de sonidos y de gestos, más elocuentes cuando absorben íntegramente en su mirada, los ojos expresan el misterio en su prisión natural, la ansiedad del llegar a ser. Sólo el animal conoce esta condición del misterio; sólo él nos lo puede abrir, pues es un estado que puede abrirse, no descubrirse plenamente. El lenguaje que expresa este misterio es idéntico al misterio que en él se expresa: la ansiedad, el movimiento de la creatura entre el reino de la seguridad vegetal y el reino de la aventura espiritual. Ese lenguaje es el primer balbuceo de la naturaleza al primer toque del espíritu, antes de que ella se entregue a la aventura cósmica del espíritu que llamamos hombre. Pero ningún discurso dirá jamás lo que este balbuceo sabe y puede proclamar. " 
Martin Buber